La reunión que podía ser un email: el TDAH en las juntas de equipo
Las reuniones de equipo son agotadoras para mujeres con TDAH de un modo específico. No es falta de interés: es la atención sin estructura clara.
Cuarenta y cinco minutos de reunión.
Doce personas. Un orden del día que nadie siguió. Tres temas que podrían haber sido un email de dos párrafos y uno que era realmente importante pero llegó a los últimos diez minutos cuando todo el mundo ya quería irse.
Y tú ahí, intentando mantenerte presente, tomando notas de cosas que igual no importan, perdiendo el hilo cuando la conversación se desvió por tercera vez, y con esa sensación de que al terminar no tienes claro qué se decidió ni qué tienes que hacer tú ahora.
Si tienes TDAH y trabajas en equipo, este escenario te suena. Probablemente demasiado.
¿Por qué las reuniones son especialmente difíciles con TDAH?
Las reuniones de equipo tienen un formato que choca con casi todo lo que necesita el cerebro con TDAH para procesar bien.
Son largas. La atención con TDAH se mantiene bien en ráfagas cortas o cuando el tema es muy estimulante. Una reunión de cuarenta minutos con agenda dispersa no cumple ninguna de las dos condiciones.
No tienen estructura clara. El cerebro con TDAH necesita marcos externos para saber dónde está y qué se espera. Cuando la reunión va saltando de tema en tema sin señales claras de transición, seguir el hilo requiere un esfuerzo extra que va restando recursos cognitivos.
Hay muchos estímulos simultáneos. Alguien habla, alguien escribe en el portátil, alguien hace gestos, hay ruido de fondo, el móvil vibra en el bolsillo. El cerebro con TDAH tiene dificultades para filtrar estímulos irrelevantes, así que todo eso entra y compite con lo que debería ser el foco principal.
Y están las intervenciones. Tener un pensamiento relevante, querer decirlo, esperar el momento oportuno para hablar, y que cuando llega el momento o ya no recuerdas exactamente qué ibas a decir o el tema ya pasó. Eso, multiplicado por diez reuniones a la semana, es agotador.
La vergüenza de "no haberme enterado"
Aquí hay algo que pocas personas nombran: la vergüenza silenciosa que viene después de una reunión en la que no estuviste al cien por cien.
Sales y alguien te pregunta qué te parece la decisión que tomaron. Y no estás del todo segura de qué se decidió. Y entonces no puedes decir "perdona, me perdí esa parte" porque eso implicaría admitir que no prestaste atención.
Así que asientes o dices "sí, tiene sentido" y rezas para que el seguimiento sea por escrito.
Eso es agotador emocionalmente. Y genera una espiral de autocrítica que va más allá de la reunión concreta.
Si llevas tiempo con ese patrón, puede que te reconozcas en lo que describe el artículo sobre la evaluación de desempeño como terror anual con TDAH: la acumulación de pequeños momentos de "no llegué" que construyen una narrativa más grande sobre tu desempeño laboral.
Lo que puedes hacer sin que sea un drama
Primero, quitarle hierro al hecho de necesitar apoyo. Si el equipo comparte notas de reuniones, léelas después aunque hayas estado presente. No es señal de que no prestaste atención. Es una estrategia válida de procesamiento.
Si tienes la opción de pedir que se especifique claramente qué se decidió y cuáles son los próximos pasos al final de cada reunión, hazlo. Es una práctica de productividad que beneficia a todo el equipo, no solo a ti.
Y si tu trabajo te permite elegir el formato, no siempre es posible pero a veces sí, con qué temas concretos y acotados funciones mejor en reunión versus en asíncrono es información útil. No para evitar todas las reuniones, sino para gestionar cuándo poner el cerebro en modo alta atención.
La guía completa sobre TDAH en mujeres tiene contexto sobre cómo el TDAH afecta en entornos laborales colaborativos y qué tipo de adaptaciones son razonables pedir.
Si lo que describes aquí se repite en más contextos de tu vida laboral, puede que tenga sentido explorar si hay un patrón más amplio. El test que construí es un primer paso concreto. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, consulta con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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