El proceso que tienes cuando estás bien es lo único que funciona cuando estás mal
Por qué los sistemas y procesos en el negocio no sirven para cuando todo va bien, sino para cuando estás roto. La única red de seguridad real del.
La mayoría de los emprendedores diseñan sus procesos cuando están bien.
Cuando tienen energía, cuando el negocio va, cuando se sienten capaces de hacer todo y un poco más. Y en ese estado de claridad construyen sistemas que asumen que siempre estarán en ese estado.
Error.
Porque los sistemas no son para cuando estás bien. Para cuando estás bien, funciona casi cualquier cosa, incluso el caos. Los sistemas son para cuando estás mal. Para cuando el cerebro no arranca. Para cuando la vida fuera del negocio está interviniendo. Para cuando llevas tres días durmiendo poco, tomando malas decisiones y sintiéndote un fraude. Para ese momento exacto.
Y en ese momento, el sistema que diseñaste pensando en tu mejor versión se convierte en algo demasiado complicado para ejecutar.
¿Qué tipo de sistema funciona cuando tu cerebro no coopera?
Uno que no requiera energía para activarse.
Esta es la prueba real de un buen proceso: ¿lo puedes ejecutar el día que estás en el 30% de tu capacidad? ¿Lo puedes seguir cuando tienes resaca emocional, cuando llevas tres días sin descansar bien, cuando hay algo personal que te está quitando espacio mental?
Si la respuesta es no, el proceso no es un proceso. Es un plan que solo funciona en buenas condiciones. Y las condiciones raramente son buenas todo el tiempo.
Con TDAH, esto se magnifica. Nuestro cerebro tiene días en que todo fluye y días en que abrir el correo requiere una negociación interna de veinte minutos. Y un negocio que solo funciona en los días buenos no es un negocio sólido. Es un negocio que depende de que tú estés siempre en condiciones, lo cual es una apuesta muy mala a largo plazo.
El proceso que te salva cuando estás mal tiene que ser simple hasta el punto de resultar casi tonto. Pasos tan claros que no requieran interpretación. Decisiones ya tomadas por adelantado que no tienes que volver a tomar cuando no tienes capacidad para decidir. Acciones tan automáticas que puedas ejecutarlas sin activar la parte del cerebro que hoy no está disponible.
¿Cómo construyes un proceso que aguante tus peores días?
Primero, documenta lo que haces cuando estás bien, no cuando estás mal.
Cuando estás bien, anota exactamente qué haces y en qué orden. No el ideal. Lo que realmente haces. Las decisiones que tomas, las herramientas que usas, el flujo real. Eso es la materia prima de un proceso real.
Luego simplifica hasta que no puedas simplificar más. Cada paso que requiere pensar es un punto de fricción. Cada decisión que no está pre-tomada es un momento donde el sistema puede fallar. Reduce al mínimo. El proceso que tienes que seguir cuando estás mal no puede tener veinte pasos. Tiene que tener cinco. O tres. O uno si puedes.
Luego pruébalo en un día malo de verdad. No en un ejercicio teórico. En un día real en que el cerebro no coopera. ¿Se sostiene? ¿Lo sigues? ¿O lo abandonas a la primera fricción?
Si lo abandonas, no es culpa tuya. Es culpa del diseño. Los procesos que se abandonan cuando son necesarios no estaban bien diseñados desde el principio.
¿Cuántas veces has empezado de cero porque no tenías un proceso?
Si tienes TDAH y llevas tiempo emprendiendo, la respuesta probablemente es "demasiadas".
El patrón es conocido. Las cosas van bien, el sistema improvisado funciona, todo fluye. Luego viene un bache: algo personal, una semana difícil, un cliente problemático. El sistema improvisado se rompe porque no estaba diseñado para soportar presión. Y cuando recuperas el rumbo, vuelves a empezar casi de cero porque nada quedó documentado.
Y el coste de ese reinicio es enorme. No solo en tiempo. En energía. En la sensación de que nunca terminas de construir algo sólido, de que estás siempre reconstruyendo sobre ruinas.
Como señala el patrón de trabajar doce horas y producir dos horas reales, el problema rara vez es la falta de trabajo. Es la falta de estructura que haga que el trabajo cuente. Y la estructura que aguanta es la que está diseñada para los días malos, no para los días buenos.
¿Qué hace el proceso por ti que la motivación no puede?
La motivación no aparece cuando la necesitas. El proceso, si está bien diseñado, sí.
La motivación es alta cuando las cosas van bien. Baja exactamente cuando más la necesitas. Es el peor sistema de regulación posible para alguien con TDAH porque replica exactamente el problema que ya tenemos: dificultad para hacer las cosas cuando no hay un estímulo inmediato que las impulse.
El proceso es diferente. No requiere que te apetezca. No requiere que estés inspirado. No requiere que tengas energía de sobra. Requiere que hagas el siguiente paso, que ya sabes cuál es, que ya está decidido. Y cuando haces el siguiente paso, a veces el cerebro engancha y sigues. Y cuando no engancha, al menos has hecho el siguiente paso, que es más de lo que habrías hecho sin el proceso.
Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.
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