El perfeccionismo académico como masking: la trampa invisible del TDAH en mujeres

Las mujeres con TDAH que sacaban notazas en el cole no estaban bien. Estaban haciendo masking a base de perfeccionismo. Y tiene un coste enorme.

Sacabas buenas notas.

Quizás incluso muy buenas. Eras "la lista", la que se esforzaba, la que siempre entregaba a tiempo. Tus profesores no veían ningún problema. Tus padres tampoco.

Y tú, por dentro, estabas en llamas.

Esto es algo que aparece constantemente cuando hablo con mujeres que reciben su diagnóstico de TDAH de adultas: "Pero es que yo era muy buena estudiante. No puede ser TDAH." Y les entiendo. Porque desde fuera no cuadraba. Pero es que el rendimiento académico y el TDAH no son incompatibles. Lo que sí es incompatible es el coste que pagaste para conseguirlo.

¿Por qué el perfeccionismo académico puede ser una forma de masking?

El masking, básicamente, es adaptar tu comportamiento para parecer neurotípica. Para no destacar por ser "la rara", "la despistada", "la que no llega".

Y hay una forma de masking que funciona de maravilla en entornos académicos: hacerlo todo perfecto.

Si eres la alumna que nunca tiene apuntes sin terminar, que siempre entrega antes de tiempo, que revisa tres veces antes de mandar... nadie va a sospechar que tienes dificultades. Porque el resultado visible es impecable.

Lo que nadie ve son las horas extras. El repaso obsesivo el día anterior. La incapacidad de "hacer las cosas bien" por un camino normal, así que compensas estudiando el doble. Las noches sin dormir para acabar lo que "deberías haber hecho" durante la semana y no pudiste porque tu cerebro eligió por ti en qué momento prestar atención.

El perfeccionismo aquí no es una virtud. Es una estrategia de supervivencia. "Si hago esto perfectamente, nadie descubrirá que soy un caos por dentro."

Y funciona. Eso es lo peor. Funciona tan bien durante tanto tiempo que nadie te diagnostica, nadie te ayuda, y el precio lo pagas tú sola.

El coste que nadie contabiliza

Ansiedad. Agotamiento crónico. Sensación constante de que vas a "ser descubierta" en cualquier momento.

Eso que algunos llaman síndrome del impostor en mujeres con TDAH tiene mucho de esto: llevas años construyendo resultados perfectos a base de un esfuerzo sobrehumano. Por supuesto que sientes que tarde o temprano alguien va a darse cuenta de que en realidad no eres tan capaz.

No es que no seas capaz. Es que tu sistema para parecer capaz es brutal y no es sostenible.

Esto tiene un nombre que se usa en la investigación sobre TDAH femenino: compensación por perfeccionismo. Es uno de los motivos por los que el diagnóstico tarda tanto en llegar en mujeres. Porque el resultado visible no coincide con el perfil que los médicos aprendieron a buscar (el niño revoltoso que no para quieto), así que te pasan por alto durante décadas.

Y si encima venías de una familia o entorno donde el rendimiento académico era muy importante, el perfeccionismo tenía una capa extra de presión social que lo reforzaba todo.

Cuándo se derrumba el sistema

El perfeccionismo como masking aguanta hasta que no aguanta más.

Suele romperse en momentos de transición: llegar a la universidad sin la estructura del instituto. Entrar al mercado laboral. Tener un hijo. Cualquier cambio que añada suficiente carga como para que el sistema de compensación no pueda con todo.

Y entonces viene el colapso que desde fuera no entienden porque "siempre habías funcionado tan bien". Sí. A base de gastarlo todo.

Si te ves en esto, te recomiendo leer sobre cómo el masking se convierte en trauma y lo que pasa cuando ese sistema de compensación falla. Y si todavía estás en modo "pero yo funcionaba bien", eso no descarta el TDAH. Lo explica. La guía completa de TDAH en mujeres tiene más contexto sobre por qué el diagnóstico femenino es tan tardío.

Si crees que tu historia encaja pero nunca nadie te lo ha detectado, el test que construí puede ser un punto de partida. 43 preguntas, basadas en escalas clínicas reales. Puedes hacerlo aquí.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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