Perder peso cambiando hábitos: cómo bajé casi 60 kilos
Pesaba casi 170 kilos y he perdido cerca de 60 sin dietas milagro ni operaciones. Cómo cambié de hábitos para perder peso y sostenerlo.
Te dejo el vídeo arriba, pero aquí lo tienes por escrito, con calma.
Es el vídeo más personal que he grabado hasta ahora. Llegué a pesar casi 170 kilos y he perdido cerca de 60. Y te aviso ya: me da muchísima vergüenza hablar de esto. No me voy a cansar de repetirlo.
Pero creo que a alguien le puede servir. Así que vamos.
Cuánto pesaba de verdad (y por qué lo escondía)
He sido gordo desde crío. He conseguido estar más o menos delgado dos veces en mi vida, meses concretos, nada más. No sé lo que es estar fit de verdad, nunca lo he vivido.
Durante años, cuando alguien me preguntaba cuánto pesaba, decía menos de lo que pesaba. Contestaba 150 y tantos. La realidad es que rocé los 170.
Son diez kilos que en el fondo no esconden nada. Gordo estabas igual. Pero a mí, psicológicamente, aceptar que los demás supieran que había pesado casi 170 me costaba horrores.
El punto más alto fue la vuelta de Dubái a España. Allí ya subía fácil, y al volver, entre comidas, cenas y quedadas con todo el mundo, el peso se terminó de disparar. Ahí dije: aquí hay que cambiar algo.
¿Se puede perder peso sin dietas ni operaciones?
Sí. Y es lo que he hecho.
No he usado ningún medicamento para adelgazar ni me he operado. Nada de liposucción. Estoy bajando de forma natural. Tengo un amigo que me decía que me hiciera una lipo y me quitara unos cuantos kilos de golpe. Le dije que no.
¿Por qué? Porque esto es un cambio de hábitos, un cambio mental. Si no cambias eso, por muchos atajos que tomes, luego vuelves a donde estabas. Lo he vivido muchas veces.
Ese es el problema de las dietas: te restringes de comer algo, pero como no has cambiado tu forma de pensar, acabas queriéndolo igual.
La mecánica en sí es simple: un déficit calórico y algo de deporte. No tiene más misterio. Lo difícil no es eso.
Por qué lo difícil no es la comida, es la cabeza
Lo difícil es pelear contra una mente que ha tenido unos hábitos toda la vida.
Y no es lineal. La gente se piensa que haces una dieta, un poco de deporte, y ya. No. Ha sido un proceso de años, con recaídas, momentos en los que subía un poco y volvía a bajar.
Cuando pesas 70 u 80 kilos es muy fácil decir "vete a hacer deporte". Con 170 andas dos calles y vas jadeando. Al día siguiente llevas los tobillos morados y te duele todo. El deporte era una tortura, literalmente.
Por eso me da rabia cuando alguien lo vende como algo fácil. No lo es. Y quien te diga lo contrario, miente. Todos sabemos lo que hay que hacer. El problema no es hacerlo bien, es tu cabeza.
Y aquí va algo que no me canso de repetir: esto no va de motivación. Es la misma idea que conté en el efecto Batman para tener disciplina sin depender de las ganas. El día que dependes de la motivación, estás perdido.
¿Qué hago cuando me entra ansiedad por comer?
No la peleo de frente. Cambio el impulso.
Sigo teniendo días en los que me comería la nevera entera. Me apetece un atracón a las doce de la noche. Eso lo entiende cualquiera que haya estado gordo, y no lo entiende nadie que haya estado delgado toda su vida.
Antes eso era un kebab, una pizza, lo que fuera. Ahora he construido hábitos para esos momentos. En vez del atracón me hago, por ejemplo, una tostada de salmón ahumado. Ese cambio hace que las calorías del día no se disparen y que, ya que meto algo, priorice la proteína.
Y luego está el truco de fondo, que es una tontería: como sano, pero comida que me gusta. Si algo no me gusta, no me lo como. Punto.
Lo que hago es buscar alternativas. Odio el brócoli con todas mis fuerzas, la textura, el sabor. Pero he encontrado una forma de cocinarlo con pasta, pollo y queso que hace que me lo coma a gusto. Así no siento que estoy a dieta. Estoy comiendo cosas que me gustan.
Los días de cheat y las recaídas
Tengo mis días de cheat, claro. Pero los coloco.
El kebab me lo como el día que me voy cinco horas a bailar, no el día que me quedo en casa trabajando. Porque ese día lo voy a quemar. Cuando vienen amigos de visita una semana, como normal con ellos: priorizo proteína, intento no meterme cinco platos, y ya está. Una semana no revienta el progreso. Luego recuperas y sigues.
Esto no es una carrera. No compites contra nadie. Eres tú contra ti mismo, y lo único que tienes que hacer es seguir. Un paso, y otro paso.
Y el día que la cagas (porque la vas a cagar), en vez de decirte "soy un desastre", al día siguiente vuelves a tu sistema. El problema no es un día malo. El problema es alargarlo: "ya que rompí ayer, hoy también, y el lunes empiezo". Ahí es donde te tiras 60 días fuera y recuperas la mitad de lo que habías perdido.
Si esto te suena, si eres de empezar el gimnasio y dejarlo al mes o de cocinar sano el domingo y pedir pizza el lunes, no es que te falte voluntad. Es que estás peleando el impulso de frente en vez de rediseñarlo.
Lo que cambia de verdad cuando bajas de peso
No es solo la báscula.
Con 170 kilos no podía subir unas escaleras sin reventar. No podía montar en bici, porque el peso encima del sillín me machacaba. Un día fui a los karts con unos amigos y no pude terminar la carrera: casi vomito, y luego tuvieron que venir dos personas a sacarme del kart. La vergüenza que pasas en un momento así no se me olvida.
Y ojo: mis analíticas salían bien. Pero eso no significa que estés sano. Yo no podía andar dos calles sin jadear.
Ahora me he quitado una cantidad de peso de encima que no te imaginas. Puedo agacharme, hacer movimientos de Ludo Sport que antes eran inviables, bailar. Cosas cotidianas como atarte los cordones dejan de ser un problema. Y también cambia cómo te trata la gente: cuando estás gordo te miran distinto y confían en ti de otra manera, aunque nadie lo haga a propósito.
Lo que hago ahora, resumido
No hago nada muy loco. De verdad.
Déficit calórico, comer bien, un poco de todo, y priorizar la proteína: mínimo unos 120 gramos al día. ¿Por qué? Porque lo que pierdo quiero que sea grasa y no músculo. Los que hemos estado gordos tenemos bastante músculo debajo, y rehacerlo cuesta mucho.
Y paciencia. No puedes perder en meses lo que llevas años engordando. Es un proceso, lleva tiempo, y no puedes pelear contra eso.
Aún me queda camino. Sigo teniendo sobrepeso. Pero creo que he pasado la parte más difícil, que era empezar y cruzar el umbral. Lo demás es seguir dando pasos.
Hoy no te vengo a vender nada. Solo a contarte que se puede, que es durísimo, y que quien te diga que es fácil te está mintiendo.
Todo esto va de lo mismo: dejar de depender de la fuerza de voluntad y montarte sistemas que decidan por ti, en el cuerpo o en el trabajo. Si quieres ver por dónde andas con eso, echa un ojo a en qué nivel de IA estás y por dónde te conviene empezar a quitarte decisiones de encima.
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