Ser la organizadora del grupo de amigas cuando tienes TDAH

Siempre eres tú quien propone el plan, busca el restaurante y manda el recordatorio. Con TDAH, esa carga invisible agota más de lo que parece. Hablemos de esto.

Hay un personaje en todos los grupos de amigas. La que propone los planes. La que busca el sitio. La que manda el "¿para cuándo quedamos?" cuando llevan tres semanas sin verse.

Por alguna razón que nunca se votó ni se eligió, ese personaje sueles ser tú.

Y lo curioso es que con TDAH, ese rol te cuesta mucho más de lo que le costaría a alguien sin él. Pero lo sigues haciendo, porque si no lo haces tú no lo hace nadie, y entonces el grupo se disuelve en silencio.

¿Por qué acabas siendo siempre la organizadora?

Esto tiene varias capas.

Una: las mujeres con TDAH somos muy buenas en hiperfoco social. Cuando algo nos importa de verdad, le metemos una energía desproporcionada. Y mantener las relaciones cercanas nos importa mucho, porque el TDAH también implica miedo al abandono y a perder vínculos.

Dos: llevamos años compensando. Una de las formas de compensar el caos interno es ser muy funcionales hacia afuera. Si no puedo controlar mis facturas, mis deadlines, mi correo electrónico, al menos puedo controlar que la cena del grupo salga bien. Es un área donde parece que funcionas. Y eso engancha.

Tres: la respuesta ansiosa al silencio. Cuando nadie organiza nada, el cerebro TDAH no lo vive con indiferencia. Lo vive como una amenaza. "¿Se habrán olvidado de mí? ¿Ya no quieren quedar? ¿Hice algo mal?" Y para cortar esa espiral, organizas tú.

El problema es que organizar planes con TDAH no es gratis. Requiere exactamente las funciones ejecutivas que tienes más comprometidas: planificación, seguimiento, coordinación de múltiples personas, gestión de las expectativas de todos.

El agotamiento que nadie ve

Lo que tus amigas ven es que les mandas el enlace de la reserva del restaurante, el recordatorio del sábado y el grupo de WhatsApp para confirmar asistencia.

Lo que no ven es el rato que pasaste eligiendo entre siete restaurantes sin poder decidirte. Los tres borradores del mensaje que mandaste porque ninguno te parecía el tono adecuado. La energía que invertiste en gestionar los cambios de última hora de dos personas que no podían venir al final.

Y como los resultados son buenos (el plan sale, os lo pasáis bien, el grupo funciona) nadie pregunta si estás bien o si necesitas un respiro de vez en cuando.

Esto es parte del masking que hacemos las mujeres con TDAH: funcionamos bien en el exterior precisamente porque invertimos cantidades enormes de energía en parecer que funcionamos bien. El coste es invisible hasta que no puede serlo más.

Lo que sí puedes hacer sin dinamitar el grupo

No estoy diciendo que dejes de organizar. Estoy diciendo que no tienes que cargar con eso sola.

La próxima vez que sea momento de quedar, en lugar de mandar el plan ya hecho, manda la pregunta: "¿Alguien propone algo para el próximo mes?" Y aguanta el silencio incómodo.

A veces el grupo tarda más de lo que te parece razonable. A veces no propone nada tan bueno como lo que propondrías tú. Pero el grupo no es tuya responsabilidad.

Si pedir ayuda te cuesta más de lo normal, esto también aplica en el contexto social. Delegar no es abandonar. Es redistribuir un peso que llevabas sola sin haberte ofrecido voluntaria.

Y si hay una amiga de confianza en el grupo, quizás sea el momento de contarle que estás cansada de ser siempre la que organiza. No para dramatizar. Para que sepa que necesita echar una mano.

Si llevas tiempo sintiéndote agotada de una manera que no encaja con lo que haces, el test de TDAH que construí puede darte algo de contexto. 43 preguntas, criterios clínicos reales.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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