El número que te da mala suerte cuando emprendes
Hay un número que evitas. En el precio, en la fecha, en la meta de ventas. No lo admites pero lo rodeas. Así funciona la superstición en el mundo del.
Nadie en el mundo del emprendimiento habla de superstición.
Es un tema que no existe. Somos gente de datos, de métricas, de hipótesis y testeo. Somos racionales. Tomamos decisiones basadas en evidencia. Eso decimos en los podcasts y en las conferencias y en los hilos de Twitter.
Luego en privado hay un número que no ponemos nunca.
En el precio. En la meta mensual. En el número de ventas que te propones antes del lanzamiento. Hay un número que rodeas, que esquivas, que llevas meses evitando sin haber tomado la decisión consciente de evitarlo.
¿Cómo se forma la superstición en el negocio?
No empieza con creencias. Empieza con correlaciones.
Tuviste un mes malo. Un mes en el que todo fue mal. Los ingresos bajaron, un cliente se fue, algo se rompió que costó dinero arreglar. Y ese mes, por alguna razón, terminó con una cifra concreta. O la cifra concreta estaba en el precio del producto que más dolores te dio. O la fecha de algo catastrófico tenía ese número.
El cerebro lo guarda. No conscientemente. Lo guarda en esa capa que procesa patrones antes de que la parte racional tenga tiempo de revisar si el patrón tiene sentido.
Y a partir de ahí, cada vez que ese número aparece en una decisión de negocio, algo en el fondo del cerebro lanza una señal de incomodidad. No una señal clara. No "no hagas esto". Solo una incomodidad vaga que hace que busques otra opción.
Así que pones el precio en 197 en vez de 200. No porque 197 sea el precio correcto. Sino porque 200 te produce una resistencia que no puedes explicar del todo. Y como no puedes explicarla, la llamas "intuición de negocio" y pasas página.
¿Importa si la superstición no tiene base real?
Depende de a qué llames base real.
Si la superstición te lleva a tomar mejores decisiones, aunque sea por razones irracionales, el resultado es el mismo que si las razones fueran racionales. El precio en 197 puede funcionar mejor que en 200 por razones psicológicas completamente distintas de la superstición. El cliente percibe que no es un número redondo y por tanto asume que alguien calculó algo.
El problema es cuando la superstición te hace tomar decisiones peores. Cuando evitas una meta de ventas que tiene sentido porque el número te da mala vibra. Cuando cambias la fecha de un lanzamiento porque el día tiene mala fama en tu cabeza. Cuando rechazas un contrato porque el importe termina en algo que no te gusta.
Ahí la superstición ha cruzado la línea de lo inofensivo a lo costoso. Y eso sí merece examinarse.
¿Qué tienen en común los emprendedores con más supersticiones?
Más exposición al riesgo. Más variabilidad en los resultados. Más tiempo llevando el negocio en solitario.
Cuando llevas años con una empresa que depende solo de ti, el cerebro busca patrones desesperadamente porque los patrones le dan la ilusión de control. Y los números son patrones fáciles de identificar. Más fáciles que los reales, que son complejos y multicausales y tardas meses en ver.
Es más cómodo creer que el lanzamiento falló por el número que por una combinación de lista fría, precio mal calibrado, mensaje que no conectó y momento del mercado que no elegiste bien. El número es simple. Los demás factores son difíciles.
La superstición es la simplificación del análisis post-mortem. Y en emprender con TDAH, donde el análisis sostenido es especialmente costoso, la simplificación tiene mucho atractivo.
El número que te da mala suerte existe. Lo tienes. Pero si lo identificas y lo nombras, ya no puede gobernarte desde las sombras.
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