No era tonta, ni vaga, ni dramática: era TDAH

Vaga, tonta, exagerada, dramática, sensible. Has oído todas esas palabras sobre ti. Ninguna era cierta. Lo que era cierto es que tenías TDAH sin diagnosticar.

Vaga.

Tonta.

Exagerada. Dramática. Demasiado sensible. Desastre. Irresponsable. Cabeza de chorlito.

Has oído todas esas palabras sobre ti durante años. Quizás décadas. Quizás desde que eras tan pequeña que ni siquiera podías cuestionarlas.

Ninguna era cierta.

Lo que era cierto es que tenías TDAH. Y nadie te lo dijo.

¿Cuántas etiquetas falsas te pusieron antes de saber que era TDAH?

Empiezo por la peor: vaga.

La vagueza es una etiqueta moral. Implica que podrías hacerlo pero eliges no hacerlo. Y es la que más daño hace porque es la que más tiempo se queda pegada.

Las mujeres con TDAH no son vagas. Son personas cuyo cerebro tiene una relación complicada con la activación. La motivación interna no funciona de la misma manera. Necesitan urgencia, novedad o interés para activarse, y cuando ninguna de esas tres cosas está presente, el cerebro no arranca. No por elección. Por neurobiología.

Pero eso no se veía desde fuera. Desde fuera se veía a una persona que "podría si quisiera". Y la conclusión que todo el mundo sacaba, incluida ella misma, era que no quería.

Tonta: otra favorita.

Las mujeres con TDAH, especialmente las de tipo inatento, suelen tener una inteligencia normal o por encima de la media. A menudo es esa misma inteligencia la que les permite compensar durante años sin que nadie note lo que está pasando por dentro. Se les da bien parecer que siguen la clase cuando en realidad llevan diez minutos en otro planeta.

Pero hay cosas que no salen: los exámenes donde el formato no les ayuda, las asignaturas que no les enganchan, las tareas repetitivas que no generan dopamina. Y eso se traduce en notas inconsistentes que no encajan con lo lista que parece cuando habla.

"Con lo inteligente que eres, si te esforzaras más..." Es la frase que más mujeres con TDAH me citan cuando me escriben. La frase que más daño hizo. Porque convirtió su lucha en fracaso moral.

Las etiquetas que vinieron después

Dramática. Demasiado sensible. Esto llegó cuando empezaron las emociones.

El TDAH tiene un componente emocional que no siempre se menciona pero que es enorme. La desregulación emocional. Las emociones que van de 0 a 100 en segundos. La frustración que se dispara ante obstáculos pequeños. La sensibilidad al rechazo que hace que una crítica menor se sienta como un mazazo.

Ninguno de esos síntomas aparecían en los criterios diagnósticos de forma explícita. Así que cuando una niña, o una adolescente, o una mujer adulta los manifestaba, el diagnóstico era carácter. Era personalidad. Era que era "así".

No era así. Era TDAH.

Y encima viene la culpa doble: no solo te dicen que eres dramática, sino que encima tú te lo crees. Así que cada vez que tienes una reacción emocional intensa empiezas a dudar de ti misma. ¿Estoy exagerando? ¿Soy demasiado? ¿Me tengo que calmar?

Te pasas años aprendiendo a minimizar lo que sientes para que no te llamen dramática otra vez. Y eso también tiene un coste brutal.

La autoestima que se construye encima de estas etiquetas es una autoestima rota

Lo que cambia cuando sabes la verdad

Esto no es un texto de autoayuda. No te voy a decir que con el diagnóstico todo se soluciona.

Lo que sí cambia es el marco.

Antes del diagnóstico, cuando algo no te salía bien, la explicación era interna y moral: "soy un desastre", "soy vaga", "no sirvo para esto". La solución lógica era esforzarte más, ser mejor persona, tener más fuerza de voluntad.

Después del diagnóstico, cuando algo no te sale bien, la explicación es neurológica: "mi cerebro tiene dificultades con esto por cómo está cableado". La solución lógica es buscar estrategias que funcionen con ese cableado, no contra él.

El problema no desaparece. Pero ya no eres tú el problema.

Y eso cambia todo.

El proceso de diagnóstico de TDAH en mujeres adultas tiene sus propias características

La guía completa sobre TDAH en mujeres

Esto no sustituye la evaluación de un profesional. Si llevas años cargando con etiquetas que no te terminaban de encajar, el test de TDAH puede ser el primer paso para empezar a buscar respuestas. No es un diagnóstico, pero es una herramienta seria basada en escalas clínicas reales.

Relacionado

Sigue leyendo