La niña que hace reír a todos: TDAH e hiperactividad social

La payasa de la clase suele ser la niña con TDAH que aprendió a usar el humor antes de que nadie le explicara lo que le pasaba. Así funciona eso.

Hay un perfil de niña que nunca se diagnostica.

No es la que se distrae mirando por la ventana. No es la soñadora que tiene la cabeza en las nubes. Es la que hace reír a toda la clase, la que inventa juegos en el recreo, la que tiene ochenta amigas y una energía que asusta a los adultos.

La payasa.

Y lo más irónico es que ese personaje, el de la payasa, el de la graciosísima, es exactamente el mecanismo de defensa que desarrollan muchas niñas con TDAH antes de entender lo que les pasa.

¿Por qué las niñas con TDAH desarrollan hiperactividad social?

La hiperactividad en niños suele ser motora. El niño que no para quieto, que se cae de la silla, que interrumpe constantemente. Muy visible. Muy diagnosticable.

En las niñas, la hiperactividad muchas veces es social. Hablan sin parar. Saltan de tema en tema. Se ríen alto. Son el centro de atención sin buscarlo, o buscándolo mucho, depende del día.

Es la misma energía. Diferente canal.

Y hay algo más que hace que el personaje de la payasa se refuerce solo: funciona. Cuando haces reír a la gente, te aceptan. Cuando eres graciosa, los fallos se disculpan. "Qué loca está" suena a cariño. "No se entera de nada" suena a problema.

O sea que la niña aprende, muy rápido y sin que nadie se lo enseñe, que si conviertes tu caos en espectáculo, la gente se ríe contigo en vez de señalarte.

Es un sistema de supervivencia social de primer nivel. Y nadie lo diagnostica como nada porque funciona demasiado bien.

El coste que nadie ve

El problema viene por dentro.

Porque cuando llegas a casa y te quitas el personaje, lo que queda es el agotamiento de haber actuado todo el día. El cansancio de haberte esforzado el doble en todo y disimularlo haciendo el tonto. La sensación de que si la gente te conociera de verdad, no le harías tanta gracia.

Muchas mujeres que ahora tienen TDAH diagnosticado describen exactamente esto de su infancia: era la más divertida del grupo y por dentro no entendía por qué me costaba tanto todo.

El humor como camuflaje. El masking, pero en versión show de comedia.

Y el coste es que durante años, a veces décadas, el entorno no ve el TDAH. Ve a una niña sociable, adaptada, con muchos amigos. No parece tener ningún problema. Los problemas son los niños callados, los que se aíslan, los que no encajan.

Pero encajar a base de actuación no es encajar. Es sobrevivir.

Qué puede hacer una madre que lo reconoce

Si te reconoces en esto porque tú eras así de niña, o porque lo estás viendo en tu hija ahora mismo, lo primero que te quiero decir es que el patrón tiene solución.

No hay que apagar el humor. No hay que hacer a la niña más seria. El humor puede ser genuino y sano, no solo defensa.

Lo que hay que hacer es darle a la niña el lenguaje para describir lo que le pasa. Que sepa que tiene un cerebro que funciona diferente. Que el cansancio que siente por dentro tiene nombre. Que no tiene que actuar siempre para que la quieran.

Puedes complementar esto con actividades donde la energía tenga salida real. El deporte y las actividades físicas ayudan a canalizar esa hiperactividad de una manera que no requiere actuación social constante.

Y si sospechas que lo que describes es TDAH, busca evaluación. Cuanto antes llegue el diagnóstico, antes puede la niña entender que lo que hace con humor no es un defecto de carácter sino una adaptación a un cerebro que nadie le ha explicado.

Si lo que lees aquí te suena a tu historia o a la de tu hija, el test de TDAH puede ayudarte a estructurar lo que llevas tiempo intuiendo.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que tu hija tiene TDAH, consulta con un especialista en TDAH infantil.

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