Tu mejor contenido es el que te da vergüenza publicar y lo sabes
El post que casi borras, el vídeo que grabaste tres veces, el email demasiado personal. Tu mejor contenido está al otro lado de la vergüenza.
Tengo un borrador guardado desde hace meses.
Es un texto sobre un momento muy concreto de mi vida. Un momento que me da vergüenza. No vergüenza de "qué van a pensar", sino vergüenza del tipo que te aprieta el pecho cuando lo relees. De esas veces que piensas "esto es demasiado".
Llevo meses sin publicarlo. Lo abro, lo releo, y lo cierro. Cada vez.
Y sé - lo sé con absoluta certeza - que es lo mejor que he escrito.
¿Por qué lo que más nos cuesta publicar es lo que más conecta?
Porque la conexión no viene de los tips. No viene de los frameworks. No viene de las listas de "5 pasos para conseguir X". Eso es útil, sí. Pero no conecta. Lo que conecta es la verdad.
Y la verdad, cuando es de verdad, duele un poco al soltarla.
Piensa en el contenido que más te ha impactado como lector, como espectador, como persona. No era el más elaborado. No era el que tenía mejor diseño o mejor edición. Era el que te hizo pensar "hostia, a este tío le ha pasado lo mismo que a mí".
Ese contenido existió porque alguien tuvo los cojones de publicar algo que le daba vergüenza.
El filtro de la vergüenza como brújula
Con TDAH tenemos un problema extra con esto. Nuestro cerebro tiene un filtro de rechazo hipersensible. No es solo "me da vergüenza publicar esto". Es "si publico esto y a alguien no le gusta, me voy a morir de la vergüenza durante tres semanas".
La disforia por rechazo es real. Y cuando creas contenido, cada publicación es una oportunidad para el rechazo. Así que tu cerebro hace lo lógico: te dice que no lo publiques. Que publiques algo seguro. Un tip genérico. Una lista. Algo que no te exponga.
Y así acabas con un feed lleno de contenido correcto pero vacío. Posts que no dicen nada. Vídeos que repiten lo que ya ha dicho todo el mundo. Newsletter sin alma.
La alternativa es usar la vergüenza como brújula. Si te da vergüenza publicarlo, probablemente es bueno. Si te tiembla un poco el dedo antes de darle a "publicar", vas por buen camino.
No siempre. A veces la vergüenza es una señal legítima de que algo no debería ser público. Pero la mayoría de las veces, la vergüenza es tu cerebro intentando protegerte de algo que no necesita protección.
El día que publiqué lo que me daba vergüenza
El primer texto realmente personal que publiqué fue sobre no poder levantarme de la cama y tener un negocio que gestionar. No era un tip de productividad. No era un hack. Era yo diciendo "hay días que no puedo funcionar y no sé qué hacer con eso".
Lo publiqué a las 11 de la noche, medio borracho de cansancio, pensando "mañana me arrepiento y lo borro".
A la mañana siguiente tenía más mensajes que con cualquier contenido anterior. Gente diciéndome "pensaba que era el único". Gente contándome su historia. Gente llorando por un texto en internet.
Y entendí algo que cambió cómo creo contenido: tu audiencia no quiere que seas perfecto. Quiere que seas real. Y ser real significa mostrar las partes que te dan vergüenza.
Cómo publicar lo que te asusta sin morir en el intento
No te voy a decir "simplemente hazlo" porque eso es una gilipollez. Si fuera tan fácil, lo harías.
Lo que a mí me funciona es el truco de las 24 horas: escribo el texto, lo programo para que se publique al día siguiente, y no lo miro hasta que está publicado. Así mi cerebro no tiene oportunidad de sabotearlo. Cuando lo veo publicado, la decisión ya está tomada.
Otra cosa que funciona: empezar por algo pequeño. No tienes que desnudar tu alma en tu primer post personal. Empieza con algo que te incomode un poco. Luego un poco más. El músculo de la vulnerabilidad se entrena como cualquier otro.
Y la tercera: recuerda que 100 personas que te escuchan valen más que 10.000 que te ignoran. Ese contenido que te da vergüenza va a espantar a mucha gente. Pero la gente que se quede, se queda de verdad.
Tu mejor contenido no está en el próximo curso de copywriting. Está en ese borrador que no te atreves a publicar. Ábrelo. Reléelo. Y dale a publicar antes de que tu cerebro encuentre una excusa.
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