La diferencia entre persistencia y cabezonería es el resultado
Llevas 2 años con lo mismo y no funciona. Tú le llamas persistencia. Tu cuenta bancaria le llama cabezonería. Así se distinguen.
Hay una frase que me repitieron toda la vida: "El que la sigue, la consigue".
Y yo me la creí. Vaya si me la creí.
Me la creí tanto que estuve 14 meses con un producto que no vendía ni regalado. 14 meses. Cambiando el copy, el diseño, el precio, el público objetivo. Todo menos la decisión obvia que estaba delante de mis narices: este producto no lo quiere nadie.
Pero yo era persistente. Yo no me rendía. Yo seguía. Como un ariete contra una pared que resulta que no tiene puerta.
¿Cuándo la persistencia se convierte en cabezonería?
La línea es más fina de lo que parece. Y el problema es que desde dentro no la ves.
Cuando estás en medio de un proyecto que no funciona, tu cerebro te cuenta una historia muy convincente. Te dice: "Aún no has encontrado el ángulo correcto. Necesitas más tiempo. Los que triunfan son los que no se rinden. Mira a Jeff Bezos, mira a Steve Jobs, mira a cualquier tío que tenga un podcast contando su historia de éxito".
Y es verdad que mucha gente triunfó porque no se rindió. Pero también es verdad que mucha más gente se arruinó porque no supo parar. Solo que esos no salen en los podcasts.
La diferencia entre persistencia y cabezonería no es el esfuerzo. Es el resultado.
Si llevas 6 meses y hay señales de progreso, lentas pero reales, eso es persistencia. Si llevas 18 meses y las métricas son exactamente las mismas que el primer día, eso es cabezonería disfrazada de virtud.
Por qué con TDAH es peor
El cerebro TDAH tiene una relación complicada con soltar cosas. Y parece contradictorio, porque también tenemos fama de abandonar todo a la primera.
Pero hay una excepción: cuando algo se convierte en nuestra identidad. Cuando decimos "yo soy el que hace X", soltar X se siente como perderte a ti mismo.
Yo era "el tío de Notion". Durante años. Y cuando Notion dejó de ser relevante para mi audiencia, seguí. Porque era mi identidad. No era un producto que no funcionaba. Era yo el que no funcionaba si lo dejaba.
Esa es la trampa. La cabezonería disfrazada de identidad.
Y ya lo sabes si alguna vez has sentido que tu negocio eres tú. Cuando confundes lo que haces con lo que eres, soltar lo que haces se siente como soltarte a ti mismo.
El test que yo uso
Tres preguntas. Una vez al trimestre. Sin dramatismo.
Primera: ¿Hay más gente interesada hoy que hace 3 meses? No me refiero a seguidores. Me refiero a gente que paga o que muestra intención real de pagar. Si la respuesta es no, hay un problema.
Segunda: ¿Estoy haciendo esto porque funciona o porque no sé qué haría si lo dejara? Esta es la pregunta incómoda. La que no quieres hacerte. Pero si la respuesta honesta es "no sé qué haría", no estás siendo persistente. Estás evitando la incertidumbre.
Tercera: ¿Si empezara hoy de cero, elegiría hacer exactamente esto? Con toda la información que tengo ahora. Si la respuesta es no, estás continuando por inercia, no por estrategia.
Pivotar no es fracasar
Hay una narrativa tóxica que dice que los ganadores nunca se rinden y los que se rinden nunca ganan. Es una frase que queda brutal en una taza de Mr. Wonderful pero que en la vida real destruye negocios.
Pivotar no es rendirse. Pivotar es usar la información que tienes para tomar una decisión mejor.
Yo he pivotado tres veces. De fotografía de bodas a Notion. De Notion a productividad general. De productividad general a TDAH. Cada pivote parecía un fracaso mientras lo vivía. Cada pivote fue la mejor decisión de negocio que tomé.
Porque he empezado de cero tres veces y cada vez he llegado más lejos. No a pesar de soltar lo anterior. Gracias a haberlo soltado.
El coraje que nadie te reconoce
Seguir es fácil. No te pide nada nuevo. Es inercia. Es el camino conocido. Es abrir el portátil y hacer lo mismo que ayer porque al menos sabes cómo hacerlo.
Parar y decidir si debes seguir o no, eso sí es difícil. Eso requiere mirarte al espejo y preguntarte: "¿Esto es mío o es mi ego?"
Y mira, no tengo la respuesta por ti. Solo tengo las preguntas. Pero si llevas más de un año con algo que no crece, que no genera ingresos, que no te emociona pero tampoco lo sueltas... a lo mejor es el momento de hacerse las tres preguntas.
Persistencia es seguir cuando hay señales de que funciona. Cabezonería es seguir cuando las únicas señales son las que te inventas.
Y la diferencia, al final, siempre es el resultado.
Así funciona emprender. Sin atajos, sin frases bonitas, sin tazas motivacionales. Con datos y con la honestidad de mirarse al espejo aunque lo que veas no te guste.
¿Estás siendo persistente o cabezón? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo tu TDAH afecta a tus decisiones de negocio, tu foco y tu energía. 5 minutos y sabes si estás empujando en la dirección correcta o contra una pared.
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