Masking en redes sociales: la versión perfecta que no existes
Cuidas tu Instagram como si fuera un trabajo. Pero esa persona organizada y tranquila que muestras online no eres tú. Es el masking digital.
La foto del escritorio ordenado.
El flat lay con el café, el cuaderno y el bolígrafo perfectamente alineados. El reel de "mis rutinas de mañana" grabado el único día del mes que realmente te levantaste a tiempo.
Ese Instagram tan bonito.
Y luego está tu realidad: la pila de ropa en la silla, las 47 pestañas abiertas, el cuaderno sin usar que compraste llena de intenciones y que ahora está de atrezzo en fotos de Instagram.
¿Por qué las mujeres con TDAH son tan buenas en las redes sociales?
A ver, piénsalo un momento.
Las redes sociales son el entorno perfecto para el masking digital. Tú decides qué mostrar. Puedes editar, filtrar, programar. Puedes mostrar la versión de ti que completó la tarea, no la que estuvo dos horas procrastinando antes de empezarla.
No tienes que mostrar el caos. Solo el resultado.
Y claro, cuando llevas años aprendiendo a parecer lo que no eres en la vida real, hacerlo online resulta casi automático. O sea, es la versión de lujo del masking: tienes tiempo ilimitado para editar la presentación.
El problema es lo que pasa después de publicar.
Hay un momento muy específico que muchas mujeres con TDAH describen igual. Publicas esa foto perfecta. La gente comenta "qué organizada eres", "qué bonito tu espacio", "cómo lo haces". Y tú lees esos comentarios y sientes algo raro. No es satisfacción. Es una especie de angustia de fondo.
Porque sabes que estás mintiendo. No intencionalmente, no con mala leche. Pero estás construyendo una imagen de ti misma que tú misma no te crees.
Y eso agota.
El masking tiene un coste enorme. En la vida real ya es suficientemente caro. Pero en redes sociales hay un problema añadido: la audiencia. Cuanto más crece la cuenta, más tienes que mantener la ficción.
De repente tienes miles de personas que te siguen por ser la chica organizada. Y tú sabes que si un día mostraras de verdad cómo funciona tu semana, si de verdad publicaras el estado de tu WhatsApp sin responder o las facturas que tienes pendientes de gestionar desde hace tres meses... la imagen se rompería.
Así que sigues. Sigues publicando la versión editada. Sigues respondiendo "¡claro, es cuestión de hábitos!" cuando alguien te pregunta cómo lo haces. Sigues construyendo una identidad online que cada vez se parece menos a la persona que eres cuando nadie mira.
¿Qué hace el masking digital a tu autoestima?
Pues mira, esto es lo chungo.
La brecha entre quién eres y quién muestras no es neutra. Cada vez que publicas algo que no te representa, esa diferencia se graba un poco más. Tu cerebro aprende que la versión real no es presentable. Que hay que editarla. Que sin filtro no das el nivel.
Y eso, con el tiempo, se convierte en una creencia muy profunda.
No es que tengas baja autoestima por las redes sociales. Es que las redes se convierten en otro espacio donde el masking se practica y se refuerza. Otro contexto donde aprendes que para ser aceptada tienes que mostrar una versión mejorada de ti misma.
La solución no es borrar el Instagram ni publicar fotos del caos. No tiene que ser un acto radical. Pero sí tiene sentido empezar a preguntarte: ¿estoy mostrando algo que me representa o estoy construyendo otra máscara?
Porque si ya tienes suficiente con el masking en el trabajo, con la familia, con los amigos... añadir un frente más en redes es mucho. Es demasiado.
Y a veces, la versión imperfecta conecta más que la editada. Te lo digo por experiencia.
Si sospechas que lo que describes en tu cabeza tiene nombre, la guía completa sobre TDAH en mujeres puede darte más contexto sobre cómo se manifiesta en todos los ámbitos, incluyendo estos patrones de presentación social.
Si te has visto reflejada en esto, el test que construí tiene 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un cuestionario de revista. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que tienes TDAH, consulta con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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