Masking en el trabajo: la empleada perfecta que se rompe en el coche

En la oficina todo es profesionalidad. En el coche de vuelta a casa, lloras. El masking laboral en mujeres con TDAH tiene un coste que nadie ve.

Sales de la oficina.

Llegas al coche. Cierras la puerta.

Y entonces sí. Ahí, donde nadie te ve, puedes soltar lo que has estado aguantando todo el día. El agotamiento. La tensión. Las ganas de llorar que no sabes muy bien de dónde vienen porque "no ha pasado nada grave".

Ha sido un día normal. Has funcionado. Has respondido emails, has ido a reuniones, has hecho las cosas que tocaban. Desde fuera, todo bien.

Por dentro llevas ocho horas de esfuerzo sobrehumano para parecer normal.

Eso es el masking laboral. Y en mujeres con TDAH, es uno de los grandes invisibles.

¿Qué pasa realmente dentro de esa oficina?

A ver, vamos a desmontar la imagen de "empleada perfecta" un momento.

Mientras estás en esa reunión asintiendo y tomando notas, por dentro estás haciendo un esfuerzo titánico para no perder el hilo cuando el presentador lleva ya quince minutos hablando del mismo punto. Mientras respondes emails, estás luchando contra el impulso de abrir otras diez pestañas. Mientras hablas con tu jefe, estás midiendo cada palabra para no decir algo que suene raro o demasiado intenso o fuera de contexto.

Las mujeres con TDAH aprenden a hacer todo esto de forma automática. No es una decisión consciente cada vez. Es un sistema de compensación que se ha ido construyendo durante años, a base de observar qué comportamientos funcionan socialmente y cuáles no, y replicar los correctos aunque cuesten el doble.

El resultado visible es una persona que "funciona bien en el trabajo". El resultado invisible es un sistema nervioso que lleva horas en modo alerta máxima.

Y cuando llegas al coche y cierras la puerta, la alerta se desactiva. Y el cuerpo pasa factura de golpe.

Por qué el trabajo es el escenario más exigente para el masking

El trabajo tiene algo particular que lo hace especialmente difícil para el masking: las consecuencias son reales y concretas.

Si cometes un error social en una cena con amigos, la cosa suele quedar ahí. Si en el trabajo dices algo que no toca, llegas tarde a una reunión, olvidas un plazo o muestras que no has seguido la conversación... las consecuencias son más tangibles. Tu reputación profesional. Tu relación con el equipo. Quizás tu puesto.

Eso convierte el trabajo en un escenario donde el masking se activa de forma automática e intensa. Porque el coste percibido de "que se note" es altísimo.

Y las mujeres con TDAH, que ya tienen más tendencia al masking que los hombres con TDAH porque les han exigido más socialmente, llegan al trabajo con un sistema de camuflaje ya bastante afinado. Lo refinan aún más. Y lo mantienen durante ocho horas seguidas.

El coste físico del masking en mujeres con TDAH se manifiesta de muchas formas. Dolores de cabeza, tensión muscular, agotamiento que no se va con dormir, problemas digestivos. El cuerpo somatiza lo que la mente aguanta.

El coche como zona de descompresión

Hay algo muy específico del coche que me resulta curioso.

Muchas mujeres con TDAH me cuentan exactamente la misma escena: el coche. No en casa, donde pueden encontrar a la familia. No en el trabajo, donde está la gente. El coche, ese espacio liminal, ese momento de transición, es donde el masking cae.

Y lo hace de golpe. Sin aviso.

Porque el cerebro sabe que ya no hay nadie mirando. Que ya no hay que funcionar. Y todo lo que ha estado conteniendo, sea agotamiento, irritabilidad, ganas de llorar o simplemente una sensación de vacío que no tiene nombre, sale ahí.

No es debilidad. Es el sistema descomprimiendo.

El problema es cuando esto se convierte en el único momento del día en el que puedes ser tú. Cuando el masking es tan permanente que necesitas el coche para existir sin filtros. Eso ya es una señal de que algo necesita atender.

El proceso de dejar de hacer masking no es fácil ni rápido, especialmente en el entorno laboral donde las consecuencias son más reales. Pero saber que estás haciendo masking, que tiene un nombre, que hay otras personas que viven exactamente esta misma escena del coche, ya es algo.

La guía de TDAH en mujeres tiene más contexto sobre cómo el masking afecta a los distintos ámbitos de la vida y por qué el trabajo suele ser el más exigente.

Si sospechas que tu agotamiento tiene más que ver con el TDAH que con el trabajo en sí, el test que construí puede orientarte. 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. Puedes hacerlo aquí.

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Este post es orientativo y no sustituye el diagnóstico ni tratamiento profesional. Si te identificas con esto, consulta con un especialista.

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