La autoestima que depende de una lista de tareas: TDAH y valor propio
Si solo te sientes bien contigo misma cuando has sido productiva, tienes un problema que va más allá del TDAH. Y tiene nombre.
Hay días buenos y días malos.
Los días buenos son los que has tachado cosas de la lista. Has enviado los correos, has atendido a los niños, has acabado el proyecto, has ido al gimnasio. En esos días estás bien. Te sientes bien contigo misma. Casi como una persona funcional.
Los días malos son los que no has conseguido hacer nada. O has hecho cosas, pero no las que estaban en la lista. En esos días la sensación es otra. Es pesada. Algo que ronda entre la culpa y la vergüenza y el "¿qué me pasa?".
Si esto te suena, sigue leyendo.
¿Por qué las mujeres con TDAH conectan productividad con valor?
Esto no es casualidad. Tiene una historia detrás.
Cuando creces con TDAH sin diagnóstico, aprendes muy pronto que los adultos están contentos contigo cuando rindes. Cuando entregas las cosas a tiempo, cuando sacas buenas notas, cuando demuestras que "sí puedes cuando quieres". El amor y la aprobación llegan condicionados al rendimiento.
Y el cerebro aprende. O sea, aprende en plan profundo, en plan cableado. Aprende que hacer cosas bien = ser aceptada. Y su corolario: no hacer cosas bien = ser rechazada.
Con el TDAH, esto se convierte en una trampa perfecta. Porque el TDAH hace que rendir de forma consistente sea difícil. Los días que fluye todo son los días que te sientes bien. Los días que el cerebro no arranca son los días que te odias.
Y el resultado es una autoestima que sube y baja con la productividad como si fuera el mercado de valores en una crisis.
¿Qué pasa cuando la lista se convierte en el único metro con el que te mides?
El problema no es tener una lista de tareas. Las listas son útiles, especialmente con TDAH. El problema es cuando la lista pasa de ser una herramienta a ser el veredicto de tu valor como persona.
Imagínate que tratas tu autoestima como una cuenta bancaria. Cada tarea completada ingresa fondos. Cada tarea sin completar retira fondos. Si el saldo baja mucho, entras en números rojos y el banco (tu cerebro) empieza a enviarte avisos de cobro con un tono bastante poco amigable.
Lo que pasa con el TDAH es que esa cuenta está diseñada para entrar en números rojos. No porque falles, sino porque el cerebro TDAH no funciona de forma lineal ni consistente. Un día puedes hacer doce cosas. Al día siguiente, con el mismo esfuerzo, hacer dos. Y ninguna de las dos versiones refleja tu valor como persona.
Pero cuando llevas años usando ese metro, es muy difícil desengancharte.
Hay algo que se estudia bastante en psicología llamado contingency of self-worth (autoestima contingente): la tendencia a basar el valor propio en el rendimiento en áreas específicas. En mujeres con TDAH, la productividad es una de esas áreas con más frecuencia de lo que debería. Y tiene costes enormes: ansiedad constante, agotamiento, dificultad para descansar sin culpa.
El día que te das cuenta de que descansando también vales
Esto es lo más difícil. Mucho más difícil de lo que parece.
Porque no es solo saber intelectualmente que vales cuando no produces. Es sentirlo. Y para sentirlo necesitas haber tenido suficientes experiencias en las que no produjiste nada y pasó algo bueno de todas formas. O en las que no produjiste nada y tú decidiste que seguías siendo válida igualmente.
Y para eso hace falta trabajo. No magia, no un libro de autoayuda, trabajo.
Lo que sí te puedo decir es que el diagnóstico de TDAH es, para muchas mujeres, el primer paso para empezar a disociar productividad de valor. Porque cuando entiendes que los días malos de rendimiento tienen una explicación neurológica, y no son el resultado de que seas vaga o mediocre, empieza a ser posible tratarte de otra forma en esos días.
El artículo sobre la mujer con TDAH que se sabotea a sí misma entra en esto con más profundidad.
Y la guía completa de TDAH en mujeres tiene un apartado sobre regulación emocional y autoestima que va al fondo de la cuestión.
Si quieres un punto de partida concreto, el test que construí evalúa síntomas reales con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si lo que has leído te resuena, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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