'Las otras madres pueden y yo no': TDAH y comparación
En la puerta del cole, las otras madres llegan perfectas. Tú llegas sin la merienda. La comparación te está destruyendo y tiene una explicación.
En la puerta del cole, las otras madres llegan peinadas.
Con el tupper en la mano, la circular firmada en la mochila y una sonrisa que parece que acaban de salir de un anuncio de colacao. Tú llegas con el pelo mojado, sin la merienda y con la sensación de que has corrido una maratón y aun así has llegado tarde.
Y entonces empieza la película en tu cabeza: "¿Cómo lo hacen? ¿Por qué yo no puedo?"
Esa pregunta, ojo, es la que más me escriben mujeres con TDAH. No la del diagnóstico. No la de la medicación. La de la comparación. La de "¿qué me pasa a mí que las demás pueden y yo no?"
¿Por qué me comparo con madres que no tienen mi cerebro?
Aquí está el problema de raíz, o sea, el que nadie nombra.
Cuando te comparas con las otras madres en la puerta del cole, estás comparando resultados sin comparar condiciones de partida. Es como si un corredor con una pierna escayolada se comparara con el que acaba de ganar los cien metros lisos y llegara a la conclusión de que es perezoso.
Tu cerebro con TDAH lleva funcionando al límite desde que te levantaste. Ha librado 47 batallas internas antes de las 9 de la mañana. Ha gestionado el caos del desayuno, ha intentado no olvidar la agenda del cole, ha tenido que procesar dónde dejó las llaves, ha sobrevivido a los gritos de los niños con el nivel de regulación emocional de un cohete a punto de explotar.
La madre de al lado. No sé lo que hace su cerebro. Pero sé que no hace lo mismo que el tuyo.
Eso no te convierte en mala madre. Te convierte en alguien que lleva una carga que la mayoría no ve.
El juego imposible del estándar invisible
Las madres con TDAH suelen tener algo en común: se miden con un estándar que no aplicarían nunca a nadie más.
Si tu amiga llega tarde al cole, le dices: "Tranquila, estas cosas pasan." Si llegas tú, el juicio interno es inmediato y brutal.
Eso no es exigencia. Eso es el resultado de años escuchando "podrías más si quisieras", "eres lista pero te despistas", "deberías organizarte mejor". Al final, ese mensaje se instala. Y cuando algo sale mal, el cerebro lo activa de forma automática.
La psicóloga que me trata a mí lo llama "cicatriz cognitiva". Yo lo llamo llevar una voz en la cabeza que opina sobre todo lo que haces y nunca está satisfecha.
La autoestima baja que desarrollan las mujeres con TDAH sin diagnosticar no es un rasgo de carácter. Es el resultado directo de años de mensajes que decían que eras el problema.
Lo que realmente está pasando en esa puerta del cole
Permíteme que te diga algo que igual nadie te ha dicho con esta claridad.
Las otras madres no lo tienen resuelto porque sean mejores. Lo tienen resuelto, o lo parecen tener resuelto, porque llevan meses repitiendo las mismas rutinas hasta que se han convertido en automáticas. El cerebro neurotípico puede hacer eso. Aprende un hábito, lo repite, y al tercer mes ya no cuesta esfuerzo.
Tu cerebro no funciona así. La memoria de trabajo más pequeña, la función ejecutiva irregular, la regulación emocional que se dispara antes de que puedas hacer nada. Cada mañana es casi como empezar de cero.
No es pereza. Es neurobiología.
Y eso, cuando lo entiendes de verdad, no elimina el caos de las mañanas. Pero cambia la conversación que tienes contigo misma.
Si llevas tiempo sintiéndote así y nunca has explorado si el TDAH puede explicar una parte de lo que te pasa, la guía sobre TDAH en mujeres que más se comparte en este blog es un buen punto de partida. Sin diagnóstico previo, sin necesidad de nada.
La comparación no te da información útil
Esto es lo que me costó más entender.
Cuando te comparas con las otras madres y llegas a la conclusión de que eres peor, esa conclusión no te ayuda a llegar antes mañana. No te da estrategias. No te explica qué está pasando. Solo te hace sentir fatal y te quita la poca energía que te queda para el resto del día.
La comparación, cuando no tiene en cuenta las condiciones de cada uno, es una herramienta inútil. Es como comparar el consumo de gasolina de un todoterreno que lleva cuatro toneladas con el de un turismo vacío y concluir que el todoterreno es un desastre de coche.
Tu cerebro lleva cuatro toneladas. Todos los días.
Lo que sí tiene sentido es compararte contigo misma. ¿Hoy has llegado con los niños al cole? Has llegado. Eso es lo que importa. El pelo mojado es un detalle. La merienda del tupper se puede resolver de mil formas.
La culpa que acumulan las madres con TDAH es real, pero no tiene base en la realidad que describes.
Qué hacer con la comparación
No voy a decirte que dejes de compararte. Eso no funciona. El cerebro TDAH tiene tendencia a fijarse en lo que no funciona, y cuando está en un entorno social la comparación es casi automática.
Pero sí puedes hacer una cosa: cada vez que empieces la película de "las otras madres pueden y yo no", añade la frase que falta.
"Las otras madres pueden y yo no... porque mi cerebro funciona diferente, no porque yo sea peor."
Parece una tontería. No lo es. Es reencuadrar la historia que te estás contando. No para negar que hay cosas que cuestan más, sino para dejar de tratar el TDAH como un defecto de carácter.
Esto no sustituye el diagnóstico ni el trabajo con un profesional. Si sospechas que lo que describes te suena demasiado familiar, haz el test. No te da un diagnóstico, pero te da un punto de partida serio.
Si llevas tiempo preguntándote si el TDAH puede explicar parte de lo que vives, el test de TDAH de rubenloan.com tiene 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. Sin registro, sin correo. Solo respuestas.
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