Si esperas a que tu producto sea perfecto no lo vas a lanzar nunca

Llevas meses puliendo detalles que nadie va a notar. Tu producto no necesita ser perfecto. Necesita existir.

La landing no está perfecta. El vídeo tiene un corte raro. El logo podría ser mejor. Y llevas 4 meses sin lanzar nada porque "aún no está listo".

No va a estar listo. Nunca.

Porque "listo" no es un estado. Es una excusa con buena reputación. Un traje elegante para el miedo. Le dices a todo el mundo que estás "puliendo los últimos detalles" y suena profesional. Suena responsable. Suena a que te importa la calidad.

Pero lo que realmente estás haciendo es esconderte detrás de una paleta de colores.

¿Cuántos detalles puedes pulir antes de admitir que tienes miedo?

Seamos honestos. Nadie ha dejado de comprar un curso porque el botón era azul en vez de verde. Nadie ha cerrado una landing porque la tipografía era Inter en vez de Satoshi. Nadie se ha ido de una página de venta pensando "habría pagado 200 euros, pero ese vídeo tenía un corte raro en el minuto 3:42".

Eso no pasa.

Lo que sí pasa es que tú llevas tres semanas probando combinaciones de colores como si estuvieras decorando la Capilla Sixtina. Mientras tanto, tu producto sigue sin existir para el mundo. Sigue siendo un borrador con buenas intenciones y cero euros facturados.

Y mira, lo entiendo. Porque lanzar algo imperfecto al mundo es como salir a la calle sin pantalones. Sientes que todo el mundo te va a mirar. Que alguien va a señalar el error que tú ya viste, y que eso confirmará lo que llevas sospechando: que no eres lo suficientemente bueno para esto.

Pero la realidad es más aburrida. Nadie va a notar ese corte raro. Nadie va a analizar tu logo con lupa. Y los que sí lo hagan no iban a comprarte de todas formas.

¿Y si el problema no es el producto, sino lo que pasa después de lanzarlo?

Aquí está la trampa. Mientras no lanzas, tu producto es perfecto en tu cabeza. Es potencial puro. Puede ser un éxito enorme. Puede cambiar vidas. Puede generar miles de euros. Todo es posible mientras viva en tu disco duro.

El segundo que lo publicas, la realidad entra por la puerta. Y la realidad es que quizá compren tres personas. O ninguna. O veinte. No sabes. Y ese no saber es lo que te paraliza.

Porque si lanzas y funciona, genial. Pero si lanzas y no funciona, ahora tienes datos. Y los datos dicen cosas que no siempre quieres escuchar. Es como abrir la app del banco un lunes por la mañana: sabes que deberías mirarlo, pero prefieres vivir en la ignorancia un ratito más.

Perfeccionar es la versión productiva de procrastinar. Te da la sensación de avanzar sin exponerte. Mueves píxeles, cambias fuentes, reescribes la misma frase del "sobre mí" por décima vez. Te vas a dormir pensando "hoy he trabajado mucho en el proyecto". Pero el proyecto sigue sin estar en el mundo. Y tú sigues sin saber si alguien quiere lo que vendes.

¿Cuál es el verdadero coste de esperar?

Piénsalo así: cada semana que no lanzas es una semana sin feedback. Sin datos. Sin saber qué funciona y qué no. Sin clientes reales que te digan "esto mola" o "esto no lo entiendo".

Tu producto perfecto de dentro de tres meses va a ser peor que tu producto imperfecto de hoy con tres meses de feedback real encima. Siempre. Sin excepción.

Los mejores productos que existen ahora mismo empezaron siendo horribles. Amazon era una librería fea con un logo que parecía hecho en Paint. La primera versión de Notion crasheaba cada veinte minutos. El primer iPhone no tenía ni copiar y pegar. Copiar y pegar. La función más básica del universo digital.

Pero existían. Estaban ahí. Recopilando feedback. Mejorando con datos reales, no con suposiciones de un tío a solas con su portátil a las dos de la mañana.

¿Qué pasa si alguien te critica?

Pues nada. En serio. Nada.

Alguien va a decir que tu vídeo de venta podría ser mejor. Tendrá razón. Alguien va a encontrar una falta de ortografía en tu landing. La tiene, seguro. Alguien va a pensar que tu precio es demasiado alto, o demasiado bajo, o que eres un fraude por cobrar por algo que "debería ser gratis en YouTube".

Y al día siguiente vas a seguir vivo. Con las mismas ganas. Con el mismo proyecto. Y con algo que la versión anterior de ti no tenía: información real.

Porque ese es el superpoder de lanzar en imperfecto. No es que te dé igual la calidad. Es que entiendes que la calidad se construye iterando, no teorizando. Que tu primer lanzamiento es un borrador, no una tesis doctoral.

La regla de las dos horas

Funciona así: si llevas más de dos horas en un detalle que no afecta directamente a si alguien va a comprar o no, para. Ahora. Cierra Figma. Apaga Canva. Aléjate del CSS.

Pregúntate: "¿Este cambio va a hacer que alguien que no iba a comprar, compre?" Si la respuesta es no, o "bueno, quizá, es que queda más bonito...", ya sabes lo que tienes que hacer.

Publicar.

Imperfecto, con el corte raro, con el logo que no te convence del todo, con la página que tiene demasiado blanco o demasiado poco. Da igual. Publícalo.

Porque el mercado no te va a dar un premio por tener la landing más bonita. Te va a dar dinero por resolver un problema real. Y para resolver un problema real, tu producto tiene que existir fuera de tu ordenador.

El perfeccionismo es miedo disfrazado de profesionalidad

Eso es todo. No hay más. Puedes tener catorce productos y seguir sintiendo que no eres suficiente. Porque el perfeccionismo no se cura con un producto más. Se cura lanzando uno que no esté listo del todo y viendo que el mundo no se acaba.

Que alguien lo compra igual. Que alguien te escribe diciendo "oye, justo necesitaba esto". Que el corte raro del vídeo no le importa a nadie excepto a ti. Que la versión imperfecta ya está ayudando a gente mientras tú habrías seguido moviendo píxeles.

Lanza. Hoy. Con lo que tengas. Ya mejorarás mañana.

O como diría cualquier emprendedor que ha vendido algo alguna vez: imperfecto pero publicado siempre gana a perfecto pero escondido.

---

Si quieres simplificar cómo funciona tu cabeza cuando emprendes, tengo un truco gratis que me enseñó mi psicóloga. Sin trampa, sin pedir el correo si no quieres.

Relacionado

Sigue leyendo