Hecho es mejor que perfecto: el mantra anti-TDAH que necesitas

El perfeccionismo con TDAH no te hace mejor, te paraliza. Por qué 'hecho es mejor que perfecto' no es conformismo.

Llevas tres semanas sin enviar ese email porque "todavía no está del todo bien".

O tienes un proyecto en borrador desde hace dos meses porque "le falta algo".

O no has empezado a ordenar la habitación porque "si lo hago, quiero hacerlo bien de una vez, y ahora no tengo tiempo para hacerlo bien de una vez".

Bienvenida al perfeccionismo TDAH. Que no es como el perfeccionismo normal. Es peor.

¿Por qué el perfeccionismo y el TDAH son una combinación horrible?

Esto tiene una lógica interna bastante cruel.

Las mujeres con TDAH llevan años recibiendo el mensaje de que sus resultados no están a la altura. Que podrían hacerlo mejor si se esforzaran más. Que fallan en cosas que para los demás son fáciles.

La respuesta natural del cerebro ante eso es compensar. Si sé que mi proceso es un caos, al menos el resultado tiene que ser impecable. Si sé que voy a entregar tarde, que cuando lo entregue sea perfecto. Si sé que la gente me juzga por lo que hago, tengo que asegurarme de que lo que hago no tenga ningún defecto.

El perfeccionismo se convierte en un escudo. Y ese escudo tiene un problema enorme: te bloquea.

Porque la perfección no existe. Y mientras esperas a que algo sea perfecto para publicarlo, mandarlo, entregarlo o simplemente darlo por hecho, no pasa nada. Literalmente nada. El proyecto se queda atascado. El email no se manda. La habitación no se ordena.

Es como estar preparado para saltar y nunca saltar porque la técnica podría mejorar. Puedes perfeccionar la técnica eternamente. Mientras tanto, sigues sin haber saltado.

El perfeccionismo compensatorio en mujeres con TDAH tiene capas específicas que vale la pena entender, porque no es lo mismo que el perfeccionismo "de alto rendimiento" que se celebra en LinkedIn.

Por qué "hecho es mejor que perfecto" no es rendirse

Mira, entiendo el escepticismo. "Hecho es mejor que perfecto" suena a excusa para hacer las cosas mal.

No es eso.

Es reconocer que la versión hecha al 80% que existe en el mundo hace más bien que la versión perfecta al 100% que solo existe en tu cabeza. Es entender que el email enviado, aunque no sea el mejor email de tu vida, hace su función. Que el informe entregado con alguna imperfección sigue siendo un informe entregado.

Y con TDAH esto es aún más importante porque la parálisis por perfeccionismo no es un contratiempo menor. Es una de las formas más efectivas en las que el TDAH puede sabotear tu vida funcional completa.

La estrategia concreta es sencilla pero requiere práctica: antes de empezar, define qué es suficientemente bueno. No perfecto. Suficientemente bueno. ¿Qué tiene que tener este email para cumplir su función? ¿Cuál es el mínimo viable de este proyecto para que pueda salir?

Y luego ejecutas hasta ese punto. Y lo sueltas.

Sobre esto, en la guía de TDAH en mujeres hay más contexto sobre cómo el cerebro con TDAH gestiona los estándares y por qué se disparan.

El giro que nadie te cuenta

Hay algo más.

Con TDAH, muchas veces el perfeccionismo no es sobre el resultado. Es sobre el proceso. No quieres empezar porque no tienes el tiempo perfecto, el ánimo perfecto, el silencio perfecto.

Eso también es perfeccionismo. Y también paraliza.

La condición perfecta para hacer las cosas con TDAH no llega. Hay que aprender a arrancar con condiciones imperfectas, procesos imperfectos y resultados suficientemente buenos.

Imperfecto pero hecho. Esa es la victoria.

Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, tengo un test de 43 preguntas construido con escalas clínicas reales. Puedes hacerlo aquí.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, consulta con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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