Lo que los hate comments hacen contigo aunque no te lo admitas
Dices que los comentarios negativos no te afectan. Mientes. Los hate comments dejan rastro aunque finjas que no. Y con TDAH, ese rastro es más profundo.
Todo el mundo dice lo mismo: "a mí los comentarios negativos no me afectan".
Todo el mundo miente.
No lo hacen con mala intención. Lo dicen porque creen que es lo que se supone que tienes que decir cuando ya llevas tiempo publicando. Una especie de credencial de que ya eres un profesional curtido al que el hate le resbala. Que tienes la piel dura. Que has evolucionado.
Y luego llegan a casa, abren el ordenador, y están veinte minutos releyendo el comentario de alguien que se llama "usuario_3847" y que ha decidido que tienes cara de tonto.
Eso también es normal. Y nadie lo confiesa.
¿Por qué el cerebro con TDAH procesa el rechazo de forma diferente?
Hay un término que no se usa mucho fuera de los círculos de TDAH pero que describe exactamente esto. Se llama sensibilidad al rechazo. Disforia por rechazo, en el nombre clínico que nadie pronuncia bien a la primera.
No es que seas más débil. Es que tu sistema nervioso tiene el volumen más alto. Un comentario negativo que para otra persona pesa uno, para ti pesa cuatro. No porque seas dramático. Porque tu cerebro procesa los estímulos emocionales de forma más intensa. No puedes simplemente bajar el volumen. No funciona así.
Y encima hay un efecto secundario que nadie menciona: el hate comment te persigue. Te lo llevas a cenar. Te lo llevas a dormir. Tu cerebro lo repite, lo analiza, lo disecciona. Busca el origen. Se pregunta qué hiciste para provocarlo. Construye hipótesis. Mientras tanto, los diez comentarios positivos del mismo día han desaparecido como si nunca hubieran existido.
Eso se llama sesgo de negatividad. Y en un cerebro con TDAH funciona a una escala superior.
¿Cuánto tiempo tardas en recuperarte de un comentario que te ha hecho daño?
Esto es lo que nadie mide. No el comentario en sí, sino el tiempo que pasa hasta que vuelves a estar donde estabas antes de leerlo.
Para algunos es una hora. Para otros es tres días en los que publicas con menos energía, contestas con menos ganas, y estás a punto de borrarlo todo dos veces. Y durante esos tres días no lo cuentas. Sigues el ritmo de publicación. Sigues respondiendo a los mensajes privados. Sigues apareciendo. Pero algo está diferente.
Eso tiene un coste. No de imagen, sino de energía. De la energía que deberías estar usando en crear cosas buenas y que se está yendo en gestionar el rastro que ha dejado alguien que probablemente ni recuerda haberte escrito.
¿Qué pasa cuando decides no leer los comentarios?
La solución que propone todo el mundo. Desactiva los comentarios. No los leas. Crea un sistema donde otra persona los filtra primero.
Y funciona para el daño inmediato. Dejas de leer al usuario que te dice que tienes voz de niño. Problema resuelto.
Pero también dejas de leer al que te dice que tu contenido cambió algo en cómo gestiona su negocio. Al que te escribe porque se siente identificado. Al que dice "por fin alguien que lo explica como es". Ese feedback también desaparece.
Y entonces publicas en el vacío. Sin saber qué aterriza y qué no. Sin saber si lo que haces tiene algún efecto en alguien. Eso, a largo plazo, es su propio tipo de desgaste.
No hay solución perfecta. Hay soluciones que funcionan para ti en este momento, y que van cambiando con el tiempo.
¿Hay alguna forma de usar el hate a tu favor sin convertirte en el típico que lo hace?
Hay contenido que provoca. No porque estés buscando pelea, sino porque tocas algo que le molesta a alguien. Cuando eso pasa, el comentario negativo es información.
No sobre ti. Sobre el tema. Sobre qué parte del mensaje ha rozado algo que esa persona prefería tener cubierto.
Si lo usas así, como información, el hate pierde una parte de su carga emocional. No toda. Pero una parte. Y esa parte es la que te permite seguir publicando sin que cada comentario negativo sea una sentencia sobre tu valor como persona.
Eso lleva tiempo aprenderlo. Mucho tiempo. Y hay semanas en las que vuelves al punto de partida. Pero si llegas a entender que mostrar vulnerabilidad online también forma parte de esto, que el perfeccionismo que te paraliza y el miedo al hate son la misma cosa con distinta cara, empiezas a ver el patrón.
No te hace invulnerable. Te hace más consciente de lo que estás pagando y por qué lo pagas de todas formas.
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