La evaluación de desempeño con TDAH: terror en formato Excel

La evaluación anual es el momento donde el TDAH se ensaña: objetivos difusos, memoria que falla, ansiedad anticipatoria. Así es vivirla y sobrevivirla.

Te dicen en octubre que en diciembre tienes la evaluación anual de desempeño.

Y tu cerebro hace dos cosas a la vez: lo anota mentalmente como "importante, no olvidar" y lo entierra en algún lugar de donde no va a salir hasta tres días antes.

Cuando sale, la situación es la siguiente: tienes setenta y dos horas para recordar todo lo que has hecho en los últimos doce meses, formularlo en lenguaje corporativo, cuantificar logros que nunca cuantificaste, y demostrar que mereces el puesto que ocupas.

Bienvenida a la evaluación de desempeño con TDAH. Un clásico del terror.

¿Por qué la evaluación de desempeño es especialmente dura con TDAH?

A ver, vamos a desmenuzar por qué esto es particularmente cruel para nuestro tipo de cerebro.

Primero: la memoria episódica. El TDAH afecta directamente a cómo registramos y recuperamos recuerdos de lo que hemos hecho. No es que no trabajaras. Es que tu cerebro no guardó un archivo ordenado de tus logros. Cuando alguien te pregunta "¿qué has conseguido este año?", es como buscar en una carpeta de descargas que nunca organizaste.

Segundo: la percepción del tiempo. Las personas con TDAH tenemos una relación muy poco fiable con el tiempo. Todo lo que pasó hace más de dos semanas existe en una categoría difusa llamada "antes". No tienes claro si ese proyecto importante fue en marzo o en septiembre. Si aquella crisis que resolviste fue hace tres meses o hace ocho.

Tercero: la ansiedad anticipatoria. Saber que tienes que hablar de ti misma en un contexto de evaluación activa un nivel de bloqueo que puede paralizarte durante días. Y entonces llegas a la reunión sin haber preparado nada, lo cual confirma todos los peores pensamientos que tenías sobre ti misma. Círculo completo.

El efecto que nadie ve desde fuera

Lo que tu jefe ve en la evaluación es a una profesional que no sabe articular bien sus logros, que suena insegura cuando habla de su trabajo, que no tiene datos concretos de lo que ha aportado.

Lo que realmente está pasando es que tienes un cerebro que no archiva la información de manera estándar, una memoria de trabajo que se colapsa bajo presión, y años de aprendizaje de que hablar de ti misma en positivo lleva a decepcionar a alguien.

Esto conecta directamente con la dificultad para pedir ayuda que tienen las mujeres con TDAH. No es que no sepas lo que vales. Es que los sistemas de evaluación están diseñados para un tipo de memoria y un tipo de procesamiento que no es el tuyo.

Lo que sí puedes hacer (antes de que llegue diciembre)

No te voy a decir "esfuérzate más en prepararte". Te voy a decir algo concreto.

Empieza el archivo de logros ahora. No en noviembre. Ahora. Un documento, un bloc de notas, lo que sea, donde cada vez que hagas algo bien lo anotes. Un correo de felicitación recibido. Un proyecto que salió. Un problema que resolviste. Tres líneas. Fecha y hecho.

No para ser más organizada en general. Para tener la carpeta de descargas medio ordenada cuando llegue la hora de buscar en ella.

Pide el formato de la evaluación con antelación. Si sabes qué preguntas te van a hacer, puedes preparar las respuestas sin la presión del tiempo real. Las adaptaciones laborales que puedes pedir con TDAH incluyen cosas como esta: más tiempo para preparar, preguntas por escrito, formatos alternativos.

Y si puedes, lleva tu propio hilo conductor a la reunión. No dejes que la conversación vaya sola. Tú también puedes hablar de lo que quieres que se vea.

La evaluación de desempeño con TDAH no tiene por qué ser terrorífica. Pero necesita preparación específica, no más voluntad.

El test de TDAH que construí tiene 43 preguntas basadas en criterios clínicos. Si llevas tiempo sospechando que hay algo más detrás de cómo funciona tu cerebro en el trabajo, puedes empezar por aquí.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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