Era buena alumna y por eso nadie vio mi TDAH

Sacabas buenas notas, entregabas todo, parecías centrada. Por eso nadie pensó en TDAH. El coste de compensar sin saber que lo hacías.

Sacabas buenas notas.

Entregabas los deberes. No hacías ruido en clase. Los profesores te ponían de ejemplo. Tus padres estaban contentos.

Y por dentro: caos puro. Tres maratones nocturnos de ansiedad por cada examen. Repasar cuatro veces lo que todos repasaban una. Perder la mochila, el estuche, el tiempo. Empezar cosas que no terminabas. Vivir en un estado constante de "tengo que hacer algo pero no recuerdo qué".

Pero como las notas eran buenas, nadie lo veía.

Y nadie lo vio durante años.

¿Se puede tener TDAH y sacar buenas notas?

Sí. Absolutamente sí. Y esto es importante porque es uno de los errores más frecuentes que cometen los profesionales al evaluar TDAH en mujeres.

El TDAH no es sinónimo de fracaso escolar. Muchas personas con TDAH, especialmente mujeres, desarrollan sistemas de compensación tan eficaces que mantienen un rendimiento aparentemente normal. El precio de ese rendimiento es lo que nadie ve: el esfuerzo descomunal que hay detrás.

Piénsalo así. Imagina que tienes que cargar agua de un sitio a otro. Pero a ti te dieron un cubo con agujeros. Puedes cargar el agua igualmente, pero tienes que ir el doble de rápido, el doble de veces, con el doble de esfuerzo. Y si te miran solo en el destino final, ven el agua. No ven los agujeros. No ven el agotamiento.

Eso es el TDAH con buenas notas.

El cubo tiene agujeros. Pero si corres suficientemente rápido, el agua llega igual.

El maratón nocturno de ansiedad

Hay una escena que reconocen muchas mujeres con TDAH que fueron buenas alumnas.

Es la noche antes del examen. Todo el mundo ha repasado durante la semana. Tú llevas la semana intentando empezar y no pudiendo. Cada vez que te sentabas a estudiar, la mente se iba a otro sitio. Los apuntes estaban delante pero tú estabas en otro planeta.

Y entonces llega la noche anterior. Y algo se activa. El pánico, probablemente, o la presión suficiente para que el cerebro TDAH se ponga en marcha. Y estudias todo de una vez, en un estado de hiperfoco forzado por la urgencia, a las dos de la madrugada, con el corazón a mil.

Y al día siguiente apruebas. A veces con nota.

Y la conclusión que sacan los demás es que puedes. Que cuando quieres lo haces. Que solo falta voluntad.

Y la conclusión que sacas tú, a fuerza de repetirlo, es que eres un desastre que funciona a base de últimos momentos y que algún día esto se va a romper.

No era falta de voluntad. Era un sistema nervioso que necesita una cantidad de estimulación muy concreta para arrancar. Y la urgencia lo activaba cuando nada más podía.

El coste invisible

Lo que no se ve desde fuera es lo que cuesta mantener esa fachada.

La ansiedad permanente de saber que en cualquier momento algo se va a olvidar, se va a romper, se va a quedar sin hacer. El agotamiento de compensar sin parar. La sensación de fraude, de que en cualquier momento alguien va a descubrir que no eres tan capaz como pareces.

Eso se llama síndrome del impostor y en personas con TDAH no diagnosticado es muy frecuente, especialmente en mujeres. Porque llevan años actuando como si no les costara lo que les cuesta. Y en algún momento empiezan a creer que eso es lo que son: impostoras.

No es así. Pero cuando nadie te dice que tu cerebro funciona diferente, construyes la explicación con lo que tienes. Y lo que tienes, después de años de mensajes del entorno, es "podrías hacerlo mejor si te esforzaras más".

Si esto te resuena, el post sobre el TDAH en mujeres desde el diagnóstico tardío tiene mucho más contexto sobre por qué el sistema falla de esta manera. Y si llegaste a dudar de ti misma hasta el punto de pensar que tu psicólogo se equivocaba, hay un post específico sobre eso también.

El diagnóstico que llega tarde

Muchas de estas mujeres llegan al diagnóstico en la treintena o la cuarentena. Después de años de compensar. Después de que algo, un cambio de trabajo, la maternidad, una crisis, rompa el sistema que habían construido con tanto esfuerzo.

Y cuando por fin alguien les dice que tienen TDAH, la primera reacción suele ser la misma: "Pero si yo era buena alumna."

Exacto. Por eso nadie lo vio.

Esto no sustituye una evaluación profesional. Si te reconoces en lo que has leído, el camino es hablar con un psicólogo o psiquiatra. Un diagnóstico real requiere una evaluación clínica, no un artículo.

Pero si quieres un punto de partida serio, el test de TDAH que construí tiene 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da datos concretos para llevar a esa conversación. Hacer el test de TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo