Emprender con propósito o emprender por dinero: la pregunta trampa

Te dicen que tienes que emprender con propósito. Pero el propósito sin dinero es un hobby. Y el dinero sin propósito es un trabajo que odias sin jefe.

La pregunta tiene trampa.

¿Emprendes con propósito o emprendes por dinero? Se presenta como si fueran dos categorías mutuamente excluyentes. Como si los emprendedores de propósito fueran los buenos y los emprendedores de dinero fueran los malos. Como si tuvieras que elegir un bando.

No tienes que elegir un bando. Tienes que entender que sin las dos cosas a la vez, lo que tienes no es un negocio sostenible.

El propósito sin dinero es un hobby muy bonito que un día te va a obligar a cerrar. El dinero sin propósito es un trabajo que odias donde además eres tu propio jefe, que es lo peor de los dos mundos. Los mejores negocios que conozco tienen las dos cosas. No en equilibrio perfecto. En tensión productiva.

¿Por qué la cultura del propósito se ha vuelto otro tipo de presión?

Porque se ha convertido en una narrativa de marketing.

El mensaje que circula en LinkedIn y en los podcasts de emprendimiento es que tienes que tener una misión transformadora. Un por qué profundo. Una historia de origen con sufrimiento y redención. Una visión de mundo mejor que tu negocio está construyendo ladrillo a ladrillo.

Si tu negocio es hacer páginas web a medianas empresas porque eres bueno haciéndolas y te pagan bien por ello, eso no encaja en el relato. Así que o inventas un propósito que no sientes de verdad, o te sientes mal por no tener uno suficientemente grandioso.

Los dos son un problema.

El propósito inventado se nota. Los clientes lo notan, la audiencia lo nota, y sobre todo lo notas tú. Hay una especie de disonancia entre lo que dices que haces y la razón real por la que lo haces. Esa disonancia consume energía.

Y la culpa por no tener un propósito suficientemente noble te lleva a minusvalorar lo que haces. A pensar que tu negocio es menos legítimo que el del que dice que quiere cambiar el mundo.

¿Qué es el propósito en un negocio real y cómo funciona?

El propósito no tiene que ser global para ser real.

Puede ser tan concreto como "ayudar a emprendedores con TDAH a entender que su forma de funcionar no es un defecto". No tienes que querer cambiar la educación mundial. Puedes querer que un grupo específico de personas viva mejor gracias a lo que haces.

Eso también es propósito. Y tiene una ventaja sobre el propósito grandioso: es accionable. Puedes levantarte un lunes y saber exactamente qué harías hoy que se alinea con él.

El propósito real funciona como filtro. Te dice qué proyectos aceptar y cuáles rechazar. Te dice cuándo una oportunidad de negocio encaja y cuándo no, aunque sea económicamente atractiva. Te da un criterio de decisión que no depende de cómo te sientas ese día.

Sin propósito, el criterio de decisión es el dinero. Y el dinero como único criterio te lleva a proyectos que no disfrutas, clientes que no respetan, y un negocio que crece en tamaño pero se vacía de sentido.

¿Cuándo el dinero tiene que ganar al propósito?

Siempre que las facturas no estén cubiertas.

No puedes emprender con propósito si no puedes pagar el alquiler. El propósito es un lujo que puedes permitirte cuando la supervivencia está garantizada. Antes, tienes que hacer lo que sea necesario para que el negocio aguante.

Eso no es hipocresía. Es racionalidad.

El primer año de emprendimiento no es el momento de ser selectivo con los proyectos en nombre del propósito. Es el momento de construir la base económica que luego te permitirá ser selectivo.

La secuencia correcta no es "primero el propósito, luego el dinero". Es "primero la supervivencia, luego la estabilidad, luego el propósito como filtro de crecimiento". Saltarte la primera fase en nombre del propósito es romanticismo que no paga facturas.

¿Cómo sabes si lo que haces tiene propósito real o propósito de marketing?

Una pregunta sencilla: ¿lo harías aunque nadie lo viera?

No la versión pública del negocio. La parte del trabajo que nadie aplaude. La conversación difícil con un cliente. El post que escribes aunque no tenga engagement. El proyecto que terminas con cuidado aunque el cliente ya haya pagado y no vaya a comprobar los detalles.

Si lo harías igual de bien aunque nadie estuviera mirando, hay algo de propósito real ahí. Si la calidad del trabajo depende directamente de quién esté mirando, es marketing de propósito.

El propósito no se proclama en la bio de LinkedIn. Se demuestra en las decisiones que tomas cuando nadie te ve. En lo que haces cuando estás agotado y podrías hacer menos sin que nadie lo notara.

La pregunta no es propósito o dinero. La pregunta es qué combinación de los dos te permite seguir haciendo esto dentro de cinco años sin odiar lo que eres.

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