Emprender enfermo es como conducir borracho pero nadie te para en un control

Nadie te obliga a parar cuando estás enfermo y emprendiendo. No hay jefe, no hay RRHH, no hay control. Y eso es exactamente el problema.

Cuando trabajas para alguien y estás enfermo, llamas, dices "no voy" y te quedas en casa. Alguien te cubre. Alguien se encarga. El mundo sigue girando sin ti y cuando vuelves todo sigue más o menos igual.

Cuando emprendes y estás enfermo, no llamas a nadie. Porque no hay nadie a quien llamar. Abres el portátil desde la cama, con 38 de fiebre, con la cabeza como un bombo, y contestas emails. Porque si tú no lo haces, nadie lo hace. Y si nadie lo hace, se cae todo.

O eso te dice tu cerebro. Que, por cierto, en ese momento tiene la capacidad de raciocinio de un tostador.

La mentira del emprendedor que nunca para

En LinkedIn se glorifica al emprendedor que trabaja enfermo. "Compromiso". "Dedicación". "Pasión". Yo lo llamo irresponsabilidad. Porque las decisiones que tomas enfermo son malas. Las respuestas que escribes enfermo son malas. Los números que revisas enfermo están mal revisados.

Emprender enfermo es producir basura con la convicción de que estás siendo productivo. Es como conducir borracho: tú crees que vas bien, que controlas, que no pasa nada. Pero tu reacción está ralentizada, tu juicio está comprometido y estás a un giro de estampar el coche contra un árbol.

La diferencia es que conducir borracho hay un control de alcoholemia que te para. Emprender enfermo no tiene control de nada. Nadie te dice "oye, para el coche que no estás en condiciones". No hay jefe, no hay RRHH, no hay nadie.

Solo tú. Y tú eres la persona menos cualificada para juzgar tu propio estado cuando estás enfermo.

Mi episodio en Dubai

Me contagié de COVID en Dubai

Eso te da una idea del nivel de enfermedad mental que tenemos los emprendedores. No la del COVID. La otra. La de pensar que tu negocio se hunde si no contestas un mensaje estando a 39 grados de fiebre en un país donde no conoces a nadie.

¿Sabes lo que pasó cuando no contesté durante tres días? Nada. Absolutamente nada. Los clientes esperaron. Los emails seguían ahí cuando volví. El mundo no se había acabado. Mi negocio no se había hundido. Todo seguía más o menos igual.

Tres días de silencio absoluto y la consecuencia fue: cero. Nada. Ni una cancelación. Ni un cliente enfadado. Nada.

Todo el drama estaba en mi cabeza.

Con TDAH esto se multiplica por diez

Porque ya de por sí nos cuesta regular la urgencia de las cosas. Todo parece urgente. Un email es urgente. Una notificación es urgente. Una idea que te llega a las 3 de la mañana es urgente.

Ahora mete eso en un cerebro con fiebre y tienes el combo perfecto para tomar las peores decisiones de tu vida empresarial. Porque no solo no puedes distinguir lo urgente de lo importante, es que no puedes distinguir nada de nada. Tu CPU está al 10% y le estás pidiendo que ejecute un programa que necesita el 100%.

¿El resultado? Emails que no tienen sentido. Decisiones impulsivas que tienes que revertir al día siguiente. Respuestas a clientes que suenan escritas por un robot enfadado. Facturas mal hechas. Propuestas con errores.

Y luego, cuando te recuperas, tienes que arreglar todo lo que hiciste mal mientras estabas enfermo. Con lo cual, no solo perdiste los días de enfermedad. También perdiste los días de arreglar los desastres de los días de enfermedad.

La regla que me salvó

Ahora tengo una regla no negociable: si estoy enfermo, el portátil se cierra. Sin excepciones. Pongo un autorespondedor que dice "estoy enfermo, vuelvo en X días" y me tumbo en el sofá a ver anime hasta que se me pase.

¿Da miedo? Claro que da miedo. Pero menos miedo que la alternativa, que es destruir tu cuerpo lentamente mientras produces trabajo de mala calidad que encima tienes que rehacer.

Si tu negocio no aguanta que te pongas enfermo tres días, tu negocio tiene un problema estructural. Y la solución no es "no ponerse enfermo". La solución es construir algo que no dependa exclusivamente de ti al 100% de tu capacidad el 100% del tiempo.

Porque eso no es un negocio. Es una bomba de relojería con forma de portátil.

Para. Descansa. Cúrate. Tu negocio puede esperar. Tu cuerpo, no.

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