Descubrí que tenía TDAH cuando diagnosticaron a mi hijo
Le explican los síntomas de tu hijo y piensas: esto soy yo. El diagnóstico de tu hijo puede ser el tuyo propio con 30 años de retraso.
Le están explicando los síntomas de tu hijo.
La psicóloga habla de dificultad para mantener la atención, de empezar cosas y no terminarlas, de olvidar las instrucciones a los tres segundos, de la desregulación emocional, de la sensación de que el tiempo no existe hasta que ya se ha ido.
Y en algún momento de esa conversación, algo hace clic.
Porque lo que está describiendo no es solo a tu hijo. Te está describiendo a ti. A ti con ocho años. A ti con veinte. A ti ahora mismo, que llevas tres semanas intentando contestar un correo y no puedes.
El diagnóstico de tu hijo acaba de darte la respuesta que llevas buscando treinta años.
¿Es común descubrir tu TDAH a través del diagnóstico de tu hijo?
Es muy común. Y tiene una explicación científica directa.
El TDAH tiene una heredabilidad alta. Los estudios apuntan a que está entre el 70 y el 80%. O sea, si tu hijo tiene TDAH, la probabilidad de que uno de los progenitores también lo tenga es significativa. No es una coincidencia. Es genética.
El problema es que esa madre que hoy tiene 35 o 40 años creció en una época en la que el TDAH era "cosa de niños hiperactivos". Si eras niña y no te subías a los pupitres, si sacabas notas aceptables aunque te costara el doble que a los demás, si eras "un poco despistada pero lista", nadie te miraba dos veces.
Así que el diagnóstico de tu hijo se convierte en un espejo. Un espejo con treinta años de retraso.
Y ese momento tiene dos caras. Una es el alivio brutal de que por fin algo explica tantas cosas. La otra es el duelo de todo lo que podrías haber hecho diferente si lo hubieras sabido antes.
Ambas son válidas. No tienes que elegir una.
La sesión que cambia todo
Me han contado esta historia de mil formas distintas y siempre tiene el mismo arco.
La madre va a la consulta pensando en su hijo. Sale pensando en ella misma. Llega a casa, abre el navegador, y busca "TDAH adultos mujeres". Lee durante tres horas. Se reconoce en cada párrafo. Empieza a atar cabos de cosas que no entendía.
La carrera que dejó a medias. La relación que se fue al traste porque no podía gestionar los conflictos. Los trabajos que perdió por llegar tarde. Las amistades que se enfriaron porque olvidaba contestar. La sensación permanente de que debería estar haciendo algo pero no sabe qué.
Todo eso no era carácter. No era falta de voluntad. Era un cerebro que nadie había mirado con las herramientas correctas.
La guía completa sobre TDAH en mujeres explica en detalle por qué el diagnóstico en mujeres llega tarde y lo que significa cuando por fin llega.
Lo que pasa después del clic
El diagnóstico propio a los 35 o 40 años es un proceso diferente al de un niño.
Para empezar, tienes que hacer el mismo recorrido que hizo tu hijo: psicólogo, psiquiatra, evaluación, pruebas. Solo que tú lo haces mientras gestionas tu trabajo, tu casa, a tus hijos, y el propio agotamiento de haber funcionado en modo compensación durante décadas.
No es fácil. Y a veces hay que pedir plaza y esperar meses.
Pero lo que cambia cuando tienes el diagnóstico no es tu vida de golpe. Lo que cambia es cómo hablas contigo misma.
Dejas de decirte que eres un desastre y empiezas a entender que tienes un sistema operativo diferente. Que no es que no puedas, es que tu cerebro necesita condiciones distintas para funcionar. Y que esas condiciones existen, las puedes aprender, y no tienes que inventártelas tú sola.
El duelo que nadie menciona
Hay algo de lo que no se habla suficiente cuando el diagnóstico llega tarde.
El duelo.
No el duelo del diagnóstico en sí. Sino el duelo de todo lo que podría haber sido diferente. "Si me lo hubieran detectado con diez años, a lo mejor no habría dejado la carrera." "A lo mejor mi relación anterior no se habría roto." "A lo mejor no habría pasado veinte años creyendo que el problema era yo."
Ese duelo es real. Y es legítimo sentirlo.
Lo que no es útil es instalarse en él. Porque no puedes cambiar lo que pasó antes del diagnóstico. Pero sí puedes cambiar lo que pasa después.
Y esto es importante: si estás en ese proceso y tu hijo también está recién diagnosticado, ten cuidado con intentar gestionar las dos cosas a la vez desde el primer momento. Es mucho. Busca apoyo para los dos, no solo para él.
La historia de descubrir el TDAH pasados los treinta tiene un patrón muy reconocible. Si te ves en él, no estás sola.
Un diagnóstico tardío no es un diagnóstico peor
Esto me lo dijo mi psiquiatra una vez y se me quedó grabado.
Llegar al diagnóstico a los 40 no significa que hayas perdido el tiempo. Significa que te quedan décadas por delante en las que vas a funcionar con un mapa que antes no tenías.
Y tener ese mapa cambia todo. Cambia cómo te organizas. Cambia cómo te hablas. Cambia lo que le puedes enseñar a tu hijo, que para él sí va a ser a tiempo.
Porque una de las cosas que tiene de bueno este espejo que es el diagnóstico de tu hijo es que tú puedes ser para él lo que nadie fue para ti. Alguien que entiende de verdad lo que está viviendo. No desde los libros. Desde dentro.
Esto no sustituye el trabajo con un profesional. Si crees que lo que describes puede ser tu caso, el primer paso es hablar con un psicólogo o psiquiatra. Pero si quieres tener una primera orientación antes de esa conversación, el test puede ayudarte.
Si te has reconocido en algo de lo que has leído y quieres saber más antes de dar el siguiente paso, el test de TDAH de rubenloan.com es un punto de partida con base en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Es una brújula.
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