La culpa de no tener un propósito suficientemente noble

Nadie te dijo que tenías que salvar el mundo para que tu negocio valiera la pena. Pero nadie te lo dijo. Sobre la culpa de emprender por razones normales.

Empecé a emprender por dinero.

No por un propósito superior. No por cambiar el mundo. No para democratizar el acceso a nada. Empecé porque quería ganar más dinero que en el trabajo que tenía, con menos gente que me dijera lo que tenía que hacer. Eso era todo.

Y durante años, eso me dio vergüenza decirlo.

¿De dónde viene la exigencia del propósito noble?

Del ecosistema emprendedor, que tiene una cosa muy concreta que vender: que si tu negocio no tiene una misión con mayúsculas, no merece existir.

Los libros de negocios te hablan de "el por qué". Los eventos de emprendimiento tienen ponentes que te cuentan cómo su empresa va a transformar la educación, la salud, el planeta o las tres a la vez. LinkedIn está lleno de fundadores que monetizan el dolor ajeno y lo llaman impacto social.

Y tú estás ahí, con tu negocio de servicios o tu infoproducto o tu agencia de lo que sea, ganándote la vida sin pretender cambiar nada fundamental. Y de repente te parece poco. Te parece que lo tuyo no cuenta. Que para que tu negocio valga la pena tiene que tener una narrativa más grande.

Eso es basura. Pero es basura muy bien empaquetada y muy difícil de ignorar.

¿Qué pasa cuando finges un propósito que no tienes?

Que lo construyes mal.

Porque cuando le pones a tu negocio un propósito que no es tuyo de verdad, las decisiones que tomas para parecer coherente con ese propósito no encajan con lo que realmente necesitas. Precio tus productos como alguien con misión social cuando en realidad necesito margen. Elijo clientes según si "encajan con mis valores" cuando en realidad lo que necesito es que paguen. Construyo una marca personal alrededor de un personaje que no soy.

Y en algún momento el disfraz empieza a pesar.

Con TDAH esto se nota más rápido. No porque seas más transparente, sino porque mantener una narrativa que no es tuya requiere un esfuerzo cognitivo constante que tu cerebro no puede sostener. Emprender ya es difícil de por sí. Emprender mientras finges que eres alguien que no eres es doblemente agotador.

¿Los propósitos "normales" son suficientes?

Sí. Siempre lo han sido.

Querer ganar dinero es un propósito legítimo. Querer tener libertad de horarios es un propósito legítimo. Querer no tener un jefe, querer vivir en el sitio que eliges, querer que tu trabajo no te destruya: todo eso es suficiente para construir un negocio que funcione y que valga la pena.

El propósito no tiene que ser noble para ser real. Solo tiene que ser tuyo.

El problema de los propósitos pequeños y honestos es que no dan bien en foto. No puedes hacer un reel inspiracional sobre "emprendí para poder trabajar desde casa sin que nadie me moleste". Pero puedes construir un negocio entero sobre eso, y ese negocio puede ser sostenible durante décadas.

Orgullo que no te deja pedir ayuda

¿Hay algún momento en que el propósito tiene que crecer?

A veces sí. Y eso está bien.

Cuando llevas tiempo emprendiendo y el negocio funciona, puede que el propósito inicial ya no te active. No porque fuera falso, sino porque ya lo tienes. La libertad que buscabas, la tienes. El dinero, también. Y entonces necesitas otra razón para seguir.

Ese es el momento en que el propósito puede crecer. No porque hayas cambiado de persona, sino porque has cubierto lo que necesitabas cubrir y ahora tienes espacio para querer algo más.

Pero ese crecimiento tiene que venir de ti. No del mercado. No de LinkedIn. No de lo que se supone que tiene que importarte cuando llegas a cierto nivel de facturación.

Empieza por el propósito honesto que ya tienes. Luego, si quieres, expándelo. Pero no lo finjas desde el principio porque crees que el tuyo no es suficiente.

Lo tuyo es suficiente. Siempre lo ha sido.

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