Cuándo NO uso la IA para escribir mis textos (y por qué)
Hay tres tipos de texto que sigo escribiendo yo entero. No por romanticismo, sino porque con IA salen peor y se nota enseguida.
Hay tres tipos de texto que sigo escribiendo yo de principio a fin.
No por romanticismo ni por demostrar nada. Los escribo yo porque cuando los he hecho con ayuda salían peor, y peor de una forma concreta que se nota enseguida.
Uso la IA todos los días para escribir. Buena parte de lo que publico pasa por ahí. Precisamente por eso tengo bastante claro dónde deja de sumar.
¿En qué casos conviene escribir sin IA?
Cuando el texto va dirigido a una persona concreta, cuando todavía no sabes qué quieres decir, y cuando el valor del texto está en un detalle que solo tú tienes.
Los tres casos tienen algo en común: en los tres, el trabajo de verdad no es redactar. Es otra cosa. Y como el trabajo de verdad es otra cosa, tener a alguien redactando por ti no te ahorra nada, solo te da una versión pulida de un problema sin resolver.
Los desgloso.
Caso 1: cuando escribo a una persona concreta
Una respuesta a alguien que me ha escrito. Un mensaje a alguien del equipo. Una contestación a un comentario que merece más que un emoji.
Esto lo escribo yo siempre, y me ha costado algún error aprenderlo.
El problema no es que la IA escriba mal esos mensajes. Los escribe muy bien. El problema es que los escribe correctos, y un mensaje correcto a alguien que te ha escrito algo personal es exactamente lo que no quieres mandar.
Cuando alguien te cuenta algo suyo y le contestas con un texto impecable de tres párrafos bien estructurados, se nota. No sabría decirte en qué exactamente, pero se nota. Y el efecto es peor que contestar tarde y torcido.
Además, esos mensajes son cortos. El ahorro de tiempo es de dos minutos. No compensa ni por asomo el riesgo de que la otra persona sienta que le has contestado con una plantilla.
Caso 2: cuando todavía no sé qué pienso
Este es el importante, y es el que más gente se salta.
Hay textos que escribo para averiguar qué opino. Empiezo con una idea vaga, escribo, me contradigo a mitad, borro, vuelvo, y al final del proceso tengo una postura que antes no tenía.
Ese proceso no se puede delegar. Si le pido a la máquina que desarrolle una idea que aún no tengo clara, me devuelve una versión ordenada y razonable de la vaguedad con la que empecé. Y como está bien escrita, cuela. Me quedo con ella y me pierdo el paso de pensarla.
Eso lo he hecho y me he arrepentido. Publiqué textos que sonaban bien y que no defendían nada, porque yo no había hecho el trabajo de decidir qué defendía.
Ahora la regla es simple: si al empezar no puedo decir en una frase qué sostengo, escribo a mano hasta que puedo. Después ya vendrá la ayuda para ordenar y pulir. Antes no.
Esto conecta con algo que ya conté en la IA no te va a dar una voz propia. La voz y el criterio se construyen en el mismo sitio: escribiendo cosas que todavía no sabes cómo van a acabar.
Caso 3: cuando lo que vale es un detalle que solo yo tengo
Las historias reales.
Cuando cuento algo que me pasó, el valor está en los detalles pequeños. Qué hora era, qué estaba haciendo, qué pensé exactamente en ese momento, qué frase dijo el otro. Eso no está en ningún sitio del que se pueda sacar.
Si le doy el esqueleto de la historia a la máquina y le pido que la desarrolle, rellena los huecos con detalles plausibles. Y ahí está el problema: plausibles, no reales. La historia queda bien montada y ha perdido lo único que la hacía valer.
He aprendido a detectarlo enseguida. Cuando leo algo mío y hay una escena que suena bien pero no recuerdo haberla vivido así, es que la ha rellenado alguien. Fuera.
El caso concreto de los correos que escribo cada día lo cuento en cómo escribo el correo diario. Ahí es todo historia real y por eso es lo que más a mano hago de todo lo que publico.
Entonces, ¿dónde sí la uso?
Para que no parezca que estoy predicando en contra de mi propia herramienta.
La uso para producir a partir de algo que ya está decidido. Cuando tengo el ángulo, la tesis y las tres ideas que quiero desarrollar, pasar eso a un texto completo es un trabajo mecánico y ahí gano muchísimo tiempo.
La uso para pasar voz a texto ordenado. Grabo una nota de cinco minutos hablando de un tema y me devuelve la estructura. Eso es oro y no le quita nada a lo mío, porque el contenido ha salido de mi boca.
La uso para revisar. Que si esta parte se entiende, que si sobra este párrafo, que si esta frase está diciendo lo mismo dos veces. Como lector crítico es buenísima.
Y la uso para volumen. Cuando hay que producir muchas piezas con una forma ya definida, ahí no hay discusión. El resto de mi montaje para esto está en herramientas del creador con IA.
El error que cometí durante meses
Lo cuento porque es el error fácil y yo tardé bastante en verlo.
Al principio usaba la ayuda al principio del proceso. Idea vaga, pedirle que la desarrollara, corregir lo que no me gustaba. Parecía eficiente: en veinte minutos tenía un texto donde antes tardaba dos horas.
El problema es que corregir no es lo mismo que decidir. Cuando corriges un texto que ya está montado, te limitas a mejorar lo que hay. No te planteas si el enfoque entero era el equivocado, porque el enfoque ya está tomado y desmontarlo da mucha pereza.
Así que publiqué durante un tiempo cosas correctas con el ángulo de otro. Y el ángulo es justo lo que hace que un texto sea tuyo.
Ahora lo hago al revés. La decisión primero y a mano: qué sostengo, contra qué, y con qué ejemplo real lo demuestro. Eso son tres líneas mías. Con esas tres líneas escritas, ya puede ayudarme quien sea con el resto, porque lo importante está cerrado.
Mismo tiempo total, resultado distinto.
La regla que me sirve
Antes de abrir la herramienta me pregunto una cosa: ¿el trabajo que queda es de redacción o es de decisión?
Si es de redacción, adelante y sin culpa. Si es de decisión, me quedo yo un rato más con el problema, aunque tarde el triple y aunque me apetezca menos.
Casi todos los textos malos que he publicado nacieron de saltarme esa pregunta. Y casi todos parecían bien escritos, que es lo que hace que la trampa funcione.
Hay una segunda comprobación que uso cuando dudo: si el texto lo firmara otra persona del sector, ¿cambiaría en algo? Si la respuesta es que no, es que ahí no hay nada mío y da igual quién lo haya redactado. Cuando la respuesta es que sí, cuando hay una parte que solo puedo firmar yo, entonces ya me da igual qué herramienta me haya ayudado a montarlo.
Escribir así es una pieza de un sistema más grande: cómo llevar un negocio de una sola persona sin que se te caiga nada. Eso es lo que enseño aquí.
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