Contratar a tu primer empleado da más miedo que emprender

Emprender fue difícil. Contratar a alguien por primera vez fue peor. La responsabilidad de que otra persona dependa de tu negocio cambia todo.

El día que contraté a mi primera persona estuve a punto de vomitar.

No es una exageración. Estaba sentado en mi mesa, con el contrato delante, y pensaba: si este mes no facturo lo suficiente, no puedo pagarle. Si no le pago, he fallado a alguien. Ya no soy yo solo comiendo arroz con atún cuando las cosas van mal. Ahora hay otra persona que depende de que a mí me vaya bien.

Y eso cambia todo.

Emprender es arriesgado. Pero estás arriesgando tu propio dinero, tu propio tiempo, tu propia salud mental. Cuando contratas a alguien, estás arriesgando la vida de otra persona. Su alquiler. Su comida. Su tranquilidad. Y eso pesa de una forma que nadie te prepara para sentir.

¿Por qué contratar da tanto miedo?

Porque emprender, con todo lo que tiene, sigue siendo un juego individual. Si la cagas, te la comes tú. Si un mes no factura, comes pasta. Si el proyecto se hunde, buscas otra cosa. El único que pierde eres tú.

Cuando contratas, ya no eres tú solo. Hay alguien que ha dejado otro trabajo, o ha rechazado otra oferta, o simplemente confía en que tu negocio va a seguir funcionando. Y tú sabes la verdad. Sabes que un mes malo puede convertirse en dos. Sabes que los clientes cancelan. Sabes que los lanzamientos fallan.

Y aun así, alguien ha decidido confiar en ti.

Esa responsabilidad es la hostia. En el buen sentido y en el malo.

La pregunta que te frena: ¿estoy listo?

No. Nunca estás listo. No existe un momento perfecto para contratar. Si esperas a tener 6 meses de colchón financiero, procesos documentados, y un pipeline estable de clientes, vas a esperar toda tu vida.

Yo contraté cuando no tenía ni la mitad de eso. Contraté porque me estaba ahogando. Porque hacía todo yo. Marketing, ventas, soporte, contabilidad, contenido, edición. Y no podía hacerlo todo, pero seguía intentándolo porque soltar el control me daba pavor.

¿Sabes qué es peor que el miedo de contratar? El burnout de no hacerlo. Porque un día te despiertas y tu negocio depende tanto de ti que si tú paras, todo para. Y eso no es un negocio. Es una trampa.

Los primeros meses son un caos

No te voy a mentir. Los primeros meses después de contratar son horribles.

Primero, porque nadie hace las cosas como tú. Y tu cerebro, especialmente si tienes TDAH, te grita que lo hagas tú que sale antes. Que para explicarlo tardas el triple. Que total, ¿para qué delegar si luego tienes que revisar todo?

Segundo, porque tienes que crear sistemas. Documentar procesos. Explicar cosas que haces de forma automática y que nunca has puesto en palabras. Y eso lleva tiempo. Tiempo que sientes que estás perdiendo porque podrías estar facturando.

Tercero, porque la otra persona no es tú. Va a hacer las cosas diferente. A veces peor, a veces mejor, pero siempre diferente. Y aceptar eso requiere un ejercicio de soltar el ego que no es nada fácil.

Pero pasa algo a los 3 o 4 meses. Un día te das cuenta de que hay cosas que funcionan sin que tú las toques. Que un email se ha mandado sin que tú lo escribieras. Que un cliente ha sido atendido sin que tú intervinieras. Que tu negocio, por primera vez, funciona cuando tú no estás delante.

Y eso es una sensación que vale todo el miedo del principio.

El error que casi todos cometen al contratar

Contratan un clon de sí mismos. Alguien que haga las cosas que ellos hacen pero que no les gustan. Y suele ser un desastre.

Porque lo que necesitas no es alguien que haga lo que tú haces mal. Necesitas alguien que haga bien lo que tú haces regular. La diferencia es sutil pero importante.

Si eres bueno creando contenido pero malo gestionando emails, no contrates a alguien para que cree contenido como tú. Contrata a alguien que gestione emails mejor que tú. Que es prácticamente cualquiera, porque tú ni los abres a tiempo.

El primer empleado no tiene que ser un genio. Tiene que ser alguien confiable que te libere las 10 o 15 horas semanales que estás tirando en tareas que no deberían ser tuyas. Con eso es suficiente para empezar.

¿Y si no puedo pagarle?

Esta es la pregunta real. La que te quita el sueño. La que no preguntas en público pero piensas todos los días.

Mira, no te voy a decir "confía en el universo". Te voy a decir la verdad: hay meses que van a ser justos. Hay meses que vas a cobrar tú menos para poder pagar a tu equipo. Hay meses que te vas a preguntar si no estarías mejor solo.

Pero también hay meses que vas a facturar más porque tú estás libre para hacer lo que realmente mueve la aguja. Vender. Crear. Pensar en estrategia. Las cosas que solo tú puedes hacer y que dejas de hacer cuando estás atrapado haciendo de todo.

Contratar es una inversión. Y como toda inversión, da miedo. Pero es la diferencia entre tener un trabajo por cuenta propia y tener un negocio. Y si emprendiste, fue para tener un negocio.

¿Tu negocio depende demasiado de ti? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo el TDAH afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos para saber dónde se te escapa el dinero y la energía.

Relacionado

Sigue leyendo