El contenido que gusta no es el que vende: la diferencia entre gustar y conectar
El contenido que recibe más likes no es el que genera más negocio. Y aprender eso fue lo que cambió mi relación con publicar cualquier cosa.
Durante mucho tiempo optimicé el contenido para que gustara.
Para que fuera claro, accesible, positivo. Para que no molestara a nadie. Para que la gente lo compartiera porque era bonito o inspirador o útil de una forma que no comprometía a nadie con nada.
Funcionaba en términos de métricas. Me gustas, compartidos, comentarios de "grande" y "necesitaba leer esto".
No funcionaba en términos de negocio.
¿Por qué el contenido que genera más engagement no siempre convierte?
Porque el engagement y la conversión son cosas distintas que a veces se mueven en direcciones opuestas.
El contenido que todo el mundo puede compartir sin comprometerse con nada es el que llega a más gente. Es el que acumula likes. Pero la persona que lo comparte no ha tomado ninguna postura. No ha dicho nada sobre sí misma. Solo ha dicho que algo le parece bien.
El contenido que conecta de verdad es el que hace que alguien piense "esto es exactamente lo que me pasa a mí y nadie lo había dicho así". Ese contenido no lo comparte todo el mundo. Lo comparte la gente que se ve reflejada. Y esas personas son las que luego compran.
La diferencia está en el nivel de especificidad. El contenido que gusta a todo el mundo es necesariamente genérico. El contenido que conecta con alguien en particular necesariamente excluye a otros.
Elegir un lado siempre asusta. Pero en los negocios, el contenido neutro es el más caro que existe.
¿Qué es el contenido que duele y por qué funciona?
El contenido que duele es el que nombra algo que tu lector sabe que hace mal pero que nadie le ha dicho directamente.
No porque seas cruel. Sino porque eres honesto. Hay una diferencia entre atacar y señalar. El primero destruye. El segundo libera.
Cuando escribo que publicas todos los días y no vendes porque el problema no es la cantidad, hay gente que se molesta. Hay gente que siente que les estoy atacando. Y hay gente que me escribe diciendo que lleva dos años haciendo eso y que nadie se lo había dicho en la cara.
Los que se molestan raramente son clientes. Los que dicen "tenías razón" sí que lo son.
El contenido que duele no es el que insulta. Es el que rompe una ilusión cómoda y lo hace con respeto y con evidencia. Eso requiere que confíes en tu criterio y estés dispuesto a que alguien no esté de acuerdo contigo.
¿Cómo saber si tu contenido tiene el nivel de especificidad correcto?
Si tu contenido lo podría haber publicado cualquier persona de tu sector sin cambiar una sola palabra, no es tuyo.
Si alguien puede leerlo y pensar "esto podría aplicarse a cualquier situación", es demasiado genérico.
El test que uso: ¿hay algo en este texto que alguien podría rebatir? Si la respuesta es no, probablemente no estás diciendo nada. Todo el mundo está de acuerdo con "la consistencia es importante" y "debes conocer a tu cliente". Eso no genera conversación porque no genera fricción.
La fricción no es mala. Es lo que demuestra que tienes una postura. Y las posturas generan seguidores reales o detractores reales, pero nunca indiferencia real.
¿Cuándo el contenido que duele va demasiado lejos?
Cuando el objetivo es herir en lugar de ayudar.
Hay una versión del "contenido que duele" que se ha convertido en agresividad disfrazada de honestidad. El "voy a decirte lo que nadie te dice" que en realidad es "voy a humillarte para quedar por encima". Eso no es honestidad. Es provocation marketing. Y aunque genera reacción, no genera confianza.
El test es simple: ¿escribirías esto si la persona de la que hablas estuviera leyendo? Si no lo harías, reconsidéralo.
El contenido honesto habla de patrones, no de personas. Señala comportamientos, no identidades. Y siempre, siempre, lo hace desde "yo también he hecho esto" en lugar de "vosotros hacéis esto mal".
Cuando en emprender con TDAH hablo de los errores que comete un cerebro TDAH en los negocios, lo hago desde dentro. Desde los errores que yo cometí. Eso es lo que cambia la percepción: no el contenido que duele, sino el contenido que duele porque también te duele a ti.
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