Competir contigo mismo en vez de con el mercado: la trampa más sofisticada del emprendedor

Dices que no te importa la competencia, que solo compites contigo mismo. Suena maduro. Pero hay una versión de eso que es una fuga de energía disfrazada.

"No me fijo en la competencia. Solo compito conmigo mismo."

Lo he dicho. Lo he escuchado decir. Y hay una versión de eso que es real y sana. Y hay otra versión que es una trampa de libro disfrazada de mentalidad estoica.

La trampa funciona así: te comparas con tu versión anterior de forma constante. Todo lo que produces lo mides contra lo que produjiste antes. Todo logro se relativiza porque "ya hice algo mejor en X". Cada nueva iniciativa tiene que superar la anterior o se siente como un fracaso. El estándar no es el mercado. El estándar eres tú. Y tú subes el estándar cada vez que lo alcanzas.

Suena admirable. Suena a crecimiento constante. Hasta que miras de cerca y ves que lo que estás haciendo es asegurarte de que nunca vas a sentir que has llegado a ningún sitio.

¿Cuándo "competir contigo mismo" es sano y cuándo es una trampa?

Es sano cuando lo usas para no depender de factores externos que no controlas.

No controlas lo que hace la competencia. No controlas el algoritmo. No controlas si el mercado te da la razón este mes. Pero sí controlas si hoy trabajaste mejor que ayer. Si el proceso de esta semana fue más limpio que el de la semana anterior. Si esta versión del producto resuelve mejor el problema que la versión anterior. Ese foco en lo que controlas es productivo y protege la salud mental.

Es trampa cuando lo usas para evitar la información del mercado.

Si nunca miras a la competencia, si te niegas a comparar tus resultados con los de otros, si el "solo compito conmigo" es en realidad una forma de no ver que algo en tu mercado ha cambiado, que hay alguien haciendo algo que funciona mejor que tú y que podrías aprender de ello, entonces no estás siendo estoico. Estás siendo evitativo.

El mercado no se detiene porque tú hayas decidido no mirarlo. Tus clientes sí comparan. Tus clientes sí ven qué opciones tienen. Y si resulta que hay opciones mejores que la tuya, "competir contigo mismo" no es una filosofía de negocio. Es un mecanismo de defensa.

¿Qué pasa cuando el estándar eres solo tú?

Que el estándar se desconecta de la realidad.

He visto emprendedores que producen contenido de altísima calidad que nadie lee porque el mercado no quiere esa calidad, quiere esa profundidad. El producto que han creado es objetivamente mejor que lo que hacían hace dos años. Y objetivamente peor que lo que el cliente actual necesita.

El estándar interno puede crecer en la dirección equivocada si no lo calibras con el exterior. Puedes volverte cada vez mejor en algo que el mercado valora cada vez menos. El perfeccionismo que paraliza en vez de proteger muchas veces viene de exactamente esto: un estándar interno muy alto aplicado en la dirección que tú eliges, no en la dirección que el mercado necesita.

La información externa no es para copiarse. Es para orientarse. No miras a la competencia para hacer lo que ella hace. La miras para entender qué está demandando el mercado y en qué punto estás tú respecto a esa demanda.

¿Cómo calibrar el estándar interno con la realidad del mercado?

Con una separación clara entre las dos cosas.

Para el proceso y la mentalidad, compite contigo mismo. Exígete más que ayer. No te compares con nadie. Eso es sano.

Para los resultados y la dirección, mira el mercado. Pregunta a tus clientes. Lee lo que hace quien tiene tracción. No para copiarlo sino para entender qué está funcionando y por qué.

El problema es que muchos emprendedores, especialmente con TDAH, mezclan los dos planos. O están completamente dentro de su propio mundo o están obsesionados con lo que hacen los demás. El equilibrio es la versión más difícil y la más útil.

Y hay otra cosa que "competir contigo mismo" puede ocultar: el miedo a medir. Si no tienes métricas claras de éxito externas, no puedes fracasar según esas métricas. Es una forma de protegerse del juicio externo que tiene un coste: tampoco sabes si estás creciendo de verdad o si estás corriendo en círculos con mucho estilo.

Vender sin perseguir clientes

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo