TDAH, mujeres y comida rápida: no cocinar no es pereza

Si recurres a comida rápida con TDAH, no es pereza. Es lo que pasa cuando cocinar exige más función ejecutiva de la que tienes disponible.

Hay un meme que circula en comunidades de TDAH que dice algo así: "Paso horas planificando la cena perfecta y luego como cereales a las diez de la noche porque cocinar requería demasiados pasos."

Si te has reído reconociéndote, aquí estamos.

Si te has reído y luego te has sentido mal, también estamos aquí para eso.

¿Por qué cocinar es tan difícil con TDAH?

A ver, vamos a desmontar el mito de que el problema es la pereza.

Cocinar, incluso algo sencillo, es una de las tareas más demandantes en términos de función ejecutiva que existen en el día a día. Piénsalo.

Tienes que planificar qué vas a cocinar. Eso implica tener en la cabeza qué hay en la nevera, qué falta, qué combinaciones son posibles, cuánto tiempo tienes. Planificación pura.

Tienes que ir a comprar lo que falta. Eso implica hacer una lista, no olvidar la lista, ir a la tienda, no distraerte en la tienda, acordarte de lo que faltaba aunque no lo pusiste en la lista.

Tienes que iniciar la tarea. Ese muro invisible que el TDAH pone delante de cualquier actividad que no genere dopamina inmediata.

Tienes que gestionar varios procesos a la vez. El arroz que se hace, la sartén que no se queme, el temporizador que pusiste pero que olvidaste.

Y tienes que hacer todo esto cuando ya estás agotada de un día entero usando tu función ejecutiva para otras cosas.

La función ejecutiva es como un depósito de gasolina. Si lo llevas gastando todo el día en el trabajo, en las conversaciones, en gestionar el caos mental del TDAH, cuando llegas a casa para cocinar ese depósito está vacío. Y un depósito vacío no cocina pasta.

Lo que sí puede hacer: pedir una pizza. Abrir una bolsa de nachos. Comer lo que queda en el frigorífico sin calentar.

No es pereza. Es supervivencia del sistema.

La trampa de la culpa alimentaria con TDAH

Aquí es donde se complica.

Porque la comida rápida tiene consecuencias. No solo nutricionales. También emocionales y económicas.

El gasto acumulado de pedir comida cuando no puedes cocinar puede ser significativo. La relación con el cuerpo se complica cuando la dieta es caótica. Y la culpa de "debería comer mejor" se añade a la pila de culpas que el TDAH ya genera constantemente.

La relación del TDAH con la comida y el hambre emocional es un tema enorme que merece su propio espacio, pero aquí lo que me importa es esto: si usas la comida para regular emociones, eso no es un defecto moral. Es un mecanismo de autorregulación. No el más eficiente, pero es el que el cerebro encontró.

El problema no es que comas mal. El problema es que nadie te dio herramientas mejores para gestionar la autorregulación emocional con TDAH.

Estrategias que no requieren convertirte en otra persona

No te voy a pedir que te conviertas en alguien que planifica menús semanales si llevas treinta años sin poder hacerlo.

Lo que sí funciona para muchos cerebros TDAH:

Reducir al máximo las decisiones en el momento de la comida. Tener siempre en casa tres o cuatro opciones de comida de baja demanda ejecutiva. No para comer siempre lo mismo, sino para tener una red de seguridad cuando el depósito está vacío.

Cocinar cuando tienes energía, no cuando tienes hambre. El TDAH + hambre es una combinación explosiva. Si esperas a tener hambre para decidir qué comer, la decisión ya va a estar tomada: lo más fácil y rápido.

Aceptar que habrá días de supervivencia alimentaria. Esos días no son el reflejo de quién eres. Son el reflejo de lo mucho que tu cerebro ya ha gestionado ese día.

El TDAH afecta a cómo las mujeres perciben su cuerpo y su relación con él, y la comida es una de las áreas donde esa relación se tensiona más.

Si sospechas que lo que te pasa tiene nombre, el test que construí puede ser un primer punto de partida. 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales, no un cuestionario de revista. Puedes hacerlo aquí.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

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