Puedes pagar un curso de 2.000 euros a un cliente y no puedes gastar 80 en ti mismo

El emprendedor que no tiene problema en invertir en su negocio pero se paraliza cuando tiene que gastar en sí mismo. Por qué pasa y qué dice de tu.

Recomendaste ese programa de marketing a tres clientes el año pasado. Lo vendiste como una inversión inteligente. Les dijiste que pagaría sola en tres meses.

Tú no te has apuntado.

No porque no puedas permitírtelo. Ahora mismo podrías. Sino porque cada vez que abres la página de ventas y llegas al botón de compra, aparece una voz que dice: ¿seguro que lo necesitas? ¿No puedes aprender eso de otra forma? ¿Y si no te sirve?

Para un cliente, esa misma voz no aparece. Para ti mismo, es paralizante.

Este es uno de los patrones más comunes y más silenciosos del emprendedor con TDAH. El que no tiene problema en justificar gastos para el negocio o para los clientes, pero se bloquea en cuanto el gasto va dirigido a él mismo.

¿Por qué es más fácil gastar en el negocio que en ti?

Porque el negocio es algo externo. Objetivable. Puedes calcular el retorno. Puedes presentarlo como inversión. Puedes defenderlo ante otra persona, ante un gestor, ante ti mismo con argumentos racionales.

Cuando el gasto eres tú, no puedes hacer eso de la misma forma. ¿Cómo calculas el ROI de un retiro de dos días? ¿Cómo justificas un masaje cuando tienes la espalda destrozada de trabajar doce horas sentado? ¿Cómo defiendes un curso de algo que te interesa a nivel personal pero que no está directamente ligado a tus servicios?

No puedes. O no fácilmente. Y tu cerebro, que necesita justificación para autorizar un gasto, se queda sin argumentos.

La consecuencia es que reinviertes constantemente en el negocio y te descuidas constantemente a ti. Lo cual tiene sentido a corto plazo y es un desastre a largo. Porque el negocio lo llevas tú. Y si tú te caes, el negocio también se cae.

¿De dónde viene la culpa de gastar en uno mismo?

Tiene varias capas.

Una es cultural. En España, y en muchos entornos familiares de clase media o trabajadora, gastar en uno mismo tiene connotaciones de capricho, de lujo innecesario, de falta de seriedad. Gastar en el negocio es serio. Gastar en ti es frivolidad.

Otra es el síndrome del impostor. Si no te sientes del todo legítimo en lo que haces, tampoco te sientes merecedor de invertir en ti. Hay una lógica retorcida que dice: primero demuestra que lo mereces, luego invierte en ti. Como si el gasto fuera un premio que hay que ganarse.

Y otra, específica del TDAH, es la hiperfocalización en el presente económico. Si el saldo está apretado, aunque sea temporalmente, el gasto en uno mismo es lo primero que cae. Antes que gastos de negocio que tienen menos impacto real pero que se sienten más justificados.

Todo esto junto construye un patrón en el que el emprendedor es el último en la lista. Después del negocio, de los clientes, de los gastos operativos. Si sobra algo, para mí.

Y casi nunca sobra.

¿Qué tiene que ver esto con cómo cobras?

Mucho más de lo que parece.

La dificultad para gastar en uno mismo y la dificultad para cobrar lo que mereces son dos síntomas del mismo problema de fondo: no te crees que vales lo que pides, y no te crees que merezcas lo que te gastas.

El emprendedor que se paraliza en el botón de compra de 80 euros para sí mismo, muchas veces es el mismo que lleva meses con la tarifa que no se atreve a subir. No es coincidencia. Es coherencia interna. Si no te das permiso para recibir, tampoco te das permiso para pedir.

Resolver uno ayuda al otro. No de forma automática. Pero están conectados.

¿Qué pasa cuando empiezas a gastar en ti?

Algo raro al principio.

La primera vez que hice una inversión en mí mismo que no podía justificar como "gasto de negocio", sentí culpa. Durante unos días. Luego se pasó.

Lo que no se pasó fue lo que aprendí, cómo me sentí durante ese tiempo, el efecto que tuvo en cómo abordé el trabajo en los meses siguientes.

El retorno de invertir en uno mismo no aparece en ninguna hoja de cálculo. Pero aparece. Y muchas veces supera con creces el retorno de inversiones "de negocio" que se ven mucho más serias sobre el papel.

Gastar en ti mismo no es un lujo. Es mantenimiento. Y el mantenimiento no es opcional cuando eres el activo principal de tu negocio. Como bien sabe quien ha tenido que aprender a no depender de sí mismo como trampa.

Date el permiso. Aunque no puedas calcularlo.

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