La app que monté con IA y tiré a la basura a la semana
Funcionaba, se veía bien y no servía para nada. La autopsia completa de una app que monté con IA, con los tres errores que la mataron.
Funcionaba. Se veía bien. Cargaba rápido. Tenía gráficas bonitas y hasta modo oscuro.
Y a la semana la borré.
No fue un fracaso técnico. Ese habría sido más fácil de contar. Fue un fracaso de los otros, de los que no se ven hasta que la cosa está terminada y te sientas a usarla y te das cuenta de que no la vas a abrir nunca más.
Te hago la autopsia entera, porque los tres errores que cometí son los tres que veo repetirse en todo el mundo que monta cosas con IA.
¿Por qué fracasan las apps que monta la IA?
Casi nunca porque la IA programe mal. Eso pasa, pero es el problema fácil: se ve enseguida y se arregla.
Fracasan por tres razones y las tres son humanas.
Porque resuelven un problema que no tenías. Tenías una molestia, no un problema. Y la molestia se aguanta.
Porque la app necesita que tú la alimentes. Y no lo haces. Ninguna app sobrevive a que su dueño tenga que rellenarla a mano todos los días.
Porque construir era más divertido que usar. Este es el gordo, y del que menos se habla.
Mi app tenía los tres.
Qué monté
Un panel que juntara los números de todos mis canales en un solo sitio. Vídeos, blog, correo, redes. Una pantalla, todo de un vistazo, con la evolución de cada cosa.
La idea me pareció buenísima. Estaba cansado de abrir seis paneles distintos, cada uno con su forma de contar las cosas, y de no tener nunca una foto general.
Lo monté con Lovable (enlace de afiliado: así me ayudas a seguir creando contenido), que te construye la aplicación entera a partir de una descripción. Le conté lo que quería, me hizo preguntas, y en un par de horas tenía algo navegable. Las gráficas y la parte visual salieron muy por encima de lo que yo habría hecho a mano.
Luego pasé a Bolt una parte concreta que se me atascaba. También funcionó.
En total, unas nueve horas repartidas en tres días. Y el resultado, insisto, era bueno. Si me lo enseñas y me dices que lo ha hecho una agencia, me lo creo.
Error uno: no tenía ese problema
Abrir seis paneles distintos me molestaba. Pero no me costaba dinero, no me hacía tomar peores decisiones y no me llevaba más de diez minutos a la semana.
Diez minutos a la semana. Nueve horas de construcción. Eso son cincuenta y cuatro semanas para amortizarlo, suponiendo que el panel no se rompiera nunca y que yo lo abriera religiosamente. Que no iba a pasar ninguna de las dos cosas.
La pregunta que no me hice, y que ahora me hago siempre antes de montar nada: ¿cuánto me cuesta este problema al mes, en horas o en euros?
Si no puedes responder con un número, no tienes un problema. Tienes una idea. Y las ideas son muy baratas de tener y muy caras de construir.
Error dos: dependía de que yo la rellenara
Aquí está la parte técnica del desastre.
Las conexiones automáticas con las plataformas eran un lío: cada una tiene su forma de dar acceso a los datos, sus permisos, sus límites. Algunas ni siquiera te dejan sacar lo que quieres sin dar unos cuantos rodeos.
Así que hice lo que hace todo el mundo cuando quiere ver la cosa funcionando ya: puse un formulario para meter los números a mano. "Ya conectaré las fuentes más adelante".
Rellené los datos el primer día. Rellené los datos el segundo día. El tercer día ya no.
Y una vez que los datos tienen tres días de retraso, el panel deja de servir para lo único que servía, que era mirarlo de un vistazo y fiarte. A partir de ahí abres el panel, ves que está desactualizado, y vuelves a abrir los seis paneles de siempre.
La regla que saqué: si una herramienta necesita que la alimentes a mano, está muerta antes de nacer. No por falta de disciplina. Es que la disciplina es un recurso escaso y no lo vas a gastar en rellenar tu propio panel.
Lo que hay que construir primero es la entrada de datos automática. Si eso no se puede resolver, no hay app. Y ese "no se puede" hay que averiguarlo antes de las nueve horas, no después.
Error tres: construir era la parte divertida
Este es el que más me costó admitir.
Yo no quería un panel de métricas. Yo quería pasar la tarde construyendo un panel de métricas.
Es una sensación buenísima. Le describes algo, aparece en pantalla, funciona. Cambias un detalle, mejora. Hay una recompensa constante y muy inmediata, mucho más que en casi cualquier otra cosa que haga en el trabajo.
Y las herramientas de IA amplifican eso a lo bestia, porque han quitado toda la parte tediosa. Antes, montar algo así requería aguantar horas de trabajo aburrido, y ese aburrimiento hacía de filtro: si la idea no valía la pena, abandonabas en la hora dos.
Ahora no hay filtro. Puedes construir cualquier capricho en una tarde y sentirte productivísimo.
O sea, que la facilidad no es solo una ventaja. También es una trampa, porque quita el mecanismo que antes te protegía de construir cosas inútiles.
Lo miro así ahora: si la parte de construir me apetece mucho más que la parte de usar, es señal de alarma, no de que la idea sea buena.
Lo que hago ahora antes de montar nada
Tres preguntas. Escritas, no mentales, porque mentales te las contestas como te conviene.
¿Cuánto me cuesta este problema al mes? En horas o en euros. Con un número. Si no hay número, no hay proyecto.
¿De dónde salen los datos, automáticamente? Si la respuesta incluye "los meto yo", el proyecto se para hasta resolver eso.
¿Lo he hecho tres veces a mano ya? Si no he sufrido el problema al menos tres veces, no lo conozco lo suficiente para automatizarlo. Casi siempre, la tercera vez me doy cuenta de que la solución real es otra.
Con esas tres preguntas he descartado bastantes ideas. Y las que han pasado el filtro las sigo usando meses después.
Lo que sí me llevé
No todo fue tirar el tiempo.
Aprendí a describir lo que quiero de una forma que la IA entienda a la primera, que es una habilidad que se entrena y se nota.
Y me quedé con una parte del código que reutilicé después en otra cosa que sí uso.
Pero si me preguntas si repetiría las nueve horas: no. Con veinte minutos de pensar bien la primera pregunta me habría ahorrado la semana entera.
Si estás en el punto de decidir si montar algo o no, dos lecturas que te pueden ahorrar mi tarde: cuándo no usar no-code y la verdad sobre la deuda técnica de las apps hechas con IA. Y si vas a montar algo igualmente, que es lo más probable, el mapa de herramientas está en crear apps sin programar.
Si quieres saber por dónde te conviene meter la IA de verdad, en vez de construir cosas bonitas que no vas a usar, hice un test corto que te lo dice según lo que haces.
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