Ansioliticos y TDAH: por que calmar los nervios no arregla la concentracion

Los ansioliticos te relajan, pero si el problema es TDAH, sigues sin poder concentrarte. Relajado y disperso no es la solucion.

Fuiste al médico porque no podías más. Ansiedad, nervios, cabeza que no para, imposible concentrarte. Te escucharon, te evaluaron, y te recetaron un ansiolítico.

Y funcionó. Más o menos. Los nervios bajaron. La tensión en el pecho se aflojó. Dormías un poco mejor.

Pero la concentración seguía igual. Los olvidos seguían ahí. La procrastinación no se había ido. El caos mental era el mismo, solo que ahora era un caos mental más calmado.

Estabas relajado y disperso. Lo cual, no te voy a engañar, no es exactamente lo que esperabas.

¿Por qué el ansiolítico no arregla la concentración?

Porque el ansiolítico hace lo que promete: reduce la ansiedad. Baja la activación del sistema nervioso. Te relaja. Y punto.

Si tu problema de concentración venía de la ansiedad, el ansiolítico te ayuda. Porque al reducir la ansiedad, tu cerebro puede funcionar mejor y concentrarse.

Pero si tu problema de concentración viene de un TDAH, el ansiolítico no toca esa parte. Porque el TDAH no es un problema de nervios. Es un problema de dopamina, de función ejecutiva, de regulación de la atención. Y ningún ansiolítico del mundo actúa sobre eso.

Es como si te duele la espalda por una mala postura y te tomas un ibuprofeno. El dolor baja, pero la postura sigue siendo mala. Y cuando se pasa el efecto, el dolor vuelve.

El ansiolítico quita el síntoma que se superpone. Pero la causa de fondo sigue intacta.

La trampa del "algo funciona, así que es ansiedad"

Hay un razonamiento que pasa mucho y que puede retrasar años un diagnóstico correcto.

Tomas el ansiolítico. Te sientes algo mejor. Tanto tú como tu médico asumís que era ansiedad. Caso cerrado.

Pero "sentirte mejor" no significa que el problema esté resuelto. Significa que uno de los problemas ha mejorado. La ansiedad. Pero si debajo de esa ansiedad hay un TDAH, ese sigue ahí. Y la prueba es que sigues sin poder concentrarte, sigues olvidando cosas, sigues procrastinando, sigues sin poder organizarte.

Y con el tiempo, como el TDAH sigue generando caos, la ansiedad vuelve. Y subes la dosis. O cambias de ansiolítico. O añades un antidepresivo. Y el ciclo continúa sin que nadie se pare a pensar: "¿Y si la ansiedad no es el problema principal?".

Si la medicación para la ansiedad no funciona del todo

¿Qué pasa cuando mezclas ansiolíticos y TDAH sin saberlo?

Aquí se pone interesante.

Los ansiolíticos, especialmente las benzodiacepinas, funcionan deprimiendo el sistema nervioso central. Te relajan. Bajan la activación.

Pero el cerebro con TDAH ya tiene un problema de activación baja en ciertas áreas. La corteza prefrontal, que es la que gestiona atención, planificación y control de impulsos, funciona por debajo de lo óptimo con TDAH. Es una de las razones por las que los estimulantes ayudan en TDAH: no excitan un cerebro ya acelerado, sino que activan las áreas que están dormidas.

Si a un cerebro que ya tiene áreas infraactivadas le das un depresor del sistema nervioso, puedes empeorar justo lo que necesitas mejorar. Menos ansiedad, sí. Pero también menos atención. Menos capacidad de funcionar. Menos de todo.

No estoy diciendo que los ansiolíticos sean malos. A veces son necesarios y útiles. Pero si tienes TDAH sin diagnosticar, pueden estar tapando un problema y empeorando otro al mismo tiempo.

El diagnóstico que tarda por culpa del tratamiento

Esto es algo que pasa más de lo que debería.

Vas al médico con síntomas mixtos. Ansiedad y dispersión. El médico trata la ansiedad primero porque es lo más visible y lo más urgente. Te da un ansiolítico. Mejoras parcialmente. El médico asume que era ansiedad.

Y el TDAH se queda sin diagnosticar. Durante meses. A veces durante años.

No es culpa del médico necesariamente. Es que los síntomas del TDAH y la ansiedad se solapan tanto que es fácil confundirlos, especialmente si no se busca activamente el TDAH.

Pero para ti, esos años de diagnóstico incompleto significan años de tratamiento parcial. Años sintiéndote "mejor pero no bien". Años pensando que quizá eres tú el problema, que quizá no pones suficiente de tu parte.

No eres tú. Es que están tratando una parte y olvidando la otra.

¿Cómo saber si tu ansiolítico está tapando un TDAH?

Hazte estas preguntas.

¿El ansiolítico te relaja pero no mejora tu concentración? ¿Sigues olvidando cosas y procrastinando a pesar de estar menos ansioso? ¿Tus problemas de organización y atención existían antes de que empezara la ansiedad? ¿Cuando la ansiedad baja, descubres que debajo hay una dispersión que no se va? ¿Has probado distintos ansiolíticos o dosis y ninguno resuelve el problema de fondo?

Si varias de esas respuestas son sí, probablemente el ansiolítico está haciendo su trabajo pero no todo el trabajo. Hay algo debajo de la ansiedad que merece ser explorado.

No se trata de dejar la medicación por tu cuenta. Eso nunca. Se trata de hablar con tu profesional y plantear la pregunta: "¿Y si no es solo ansiedad?".

Esa pregunta puede cambiarte la vida. Sin exagerar.

Esto no es consejo médico. Nunca cambies ni dejes medicación sin hablar con tu profesional. Si te reconoces en estas líneas, plantéalo en tu próxima consulta.

Si los ansiolíticos te relajan pero sigues disperso, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para empezar a entender si hay un TDAH debajo de tu ansiedad que nadie ha explorado todavía.

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