Frustracion por no alcanzar tu potencial: altas capacidades y TDAH

Eres brillante pero no rindes. Puede ser TDAH, altas capacidades o las dos cosas. La doble excepcionalidad es real y tiene solución.

"Es muy listo pero no se aplica."

Si te dieron un euro por cada vez que escuchaste eso en el colegio, ahora mismo no necesitarías trabajar. Porque eras el niño que sacaba un 9 sin estudiar en lo que le interesaba y un 3 en lo que no. El que entendía conceptos que sus compañeros no pillaban, pero luego se dejaba el trabajo en casa. El que podía hablar durante horas de dinosaurios pero no era capaz de sentarse 20 minutos a hacer deberes de mates.

Y ahora de adulto, la cosa no ha mejorado mucho. Sabes que tienes potencial. Lo ves. Otros lo ven. Pero hay una brecha enorme entre lo que podrías hacer y lo que haces. Y esa brecha te está comiendo vivo.

¿Es que no te esfuerzas lo suficiente? ¿Es TDAH? ¿Son altas capacidades? ¿O es esa cosa con nombre impronunciable llamada doble excepcionalidad?

¿Qué es la doble excepcionalidad?

Es tener altas capacidades intelectuales Y un trastorno del neurodesarrollo (como el TDAH) al mismo tiempo.

Parece contradictorio. ¿Cómo puedes ser brillante y tener un trastorno de la atención? Pues precisamente por eso es tan difícil de detectar. Cuando eres brillante y tienes TDAH, una cosa enmascara a la otra. Tus altas capacidades compensan tu TDAH durante años. Apruebas sin estudiar. Entiendes las cosas a la primera. Pero un día, el nivel de dificultad sube lo suficiente como para que la compensación ya no baste. Y entonces todo se derrumba.

Para muchos, ese momento llega en la universidad. Para otros, en el primer trabajo serio. Para algunos, no llega hasta los 30 o 40, cuando la vida se complica lo suficiente como para que la inteligencia sola no sea suficiente.

¿Cómo se manifiesta?

La combinación tiene un perfil muy reconocible.

Entiendes conceptos complejos al vuelo, pero no puedes organizar tu día. Tu mente va a 200 por hora, pero tu cuerpo no puede seguir el ritmo. Empiezas 15 proyectos porque se te ocurren ideas brillantes, pero no terminas ninguno porque tu atención salta al siguiente antes de completar el primero.

En el colegio, probablemente te aburrías. Pero no el aburrimiento tranquilo de "esto es fácil". El aburrimiento desesperante de "esto es tan lento que me duele físicamente estar aquí". Un cerebro con altas capacidades procesa rápido. Un cerebro con TDAH necesita novedad. La combinación de ambos en un aula donde se explica lo mismo por tercera vez es una receta para el desastre.

Y luego está la frustración. Porque sabes lo que podrías hacer. Lo ves con claridad. Pero entre lo que puedes imaginar y lo que puedes ejecutar hay un abismo llamado función ejecutiva. Es como tener un motor de Ferrari con un volante que gira cuando le da la gana.

¿Cómo se confunden uno con otro?

El solapamiento es enorme.

Las altas capacidades pueden parecer TDAH: la intensidad, la velocidad mental, el aburrimiento ante tareas monótonas, la necesidad de estimulación intelectual. Un niño superdotado que se aburre en clase puede moverse, distraerse y molestar exactamente igual que un niño con TDAH.

El TDAH puede enmascarar las altas capacidades: si tu atención falla constantemente, tu rendimiento no refleja tu potencial. Nadie te evalúa para altas capacidades porque tus notas son mediocres. El TDAH esconde el brillo.

Y al revés, las altas capacidades enmascaran el TDAH: como compensas con inteligencia, nadie piensa que tengas un trastorno. "Si sacas buenas notas, no puedes tener TDAH." (Spoiler: sí puedes. El TDAH no es un trastorno de inteligencia, es un trastorno de regulación.)

¿Cómo saber qué tienes?

Lo más fiable es una evaluación neuropsicológica completa. No un test online. No un artículo. Una evaluación de verdad que mida tanto capacidades cognitivas como funcionamiento ejecutivo.

Pero hay pistas que puedes observar.

¿Puedes concentrarte durante horas en algo que te fascina, pero no 5 minutos en algo que no? Eso apunta a TDAH con o sin altas capacidades. Las altas capacidades solas no suelen causar esa discrepancia tan extrema.

¿Tu rendimiento siempre ha sido inconsistente? Brillante en unas áreas, desastroso en otras, sin término medio. Esa montaña rusa de rendimiento es muy típica de la doble excepcionalidad.

¿Sientes que hay un desfase entre lo que piensas y lo que haces? Un cerebro que idea a velocidad de rayo pero que se atasca en la ejecución es la firma de la doble excepcionalidad.

Para orientarte sobre si es TDAH o es otra cosa

¿Qué haces con esto?

Primero: deja de culparte. La brecha entre tu potencial y tu rendimiento no es pereza. No es falta de disciplina. Es neurología.

Segundo: busca un profesional que entienda la doble excepcionalidad. No todos la conocen. Muchos te dirán "si eres tan listo no puedes tener TDAH" o "si tienes TDAH no puedes tener altas capacidades". Esos no son los profesionales que necesitas.

Tercero: si te diagnostican TDAH, trátalo. La medicación y las estrategias compensatorias pueden liberar el potencial que llevas años intentando usar sin las herramientas adecuadas. No es que vayas a ser más inteligente. Es que por fin vas a poder usar la inteligencia que ya tienes.

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te identificas con la doble excepcionalidad, busca a alguien que sepa evaluarla.

Si quieres dar un primer paso, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No mide inteligencia, pero sí mide algo igual de importante: cómo funciona tu atención. Y eso puede cambiarte la perspectiva.

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