Los amigos que desaparecen cuando emprendes
No te dejaron por nada concreto. No hubo discusión, no hubo traición. Simplemente dejaron de estar. Y entender por qué es más importante que el dolor de.
No fue una pelea. No hubo ningún momento concreto.
Se fueron de forma gradual, casi imperceptible. Primero dejaron de proponer planes. Luego empezaron a fallar cuando tú proponías. Luego los mensajes se espaciaron sin razón aparente. Y un día te das cuenta de que llevas semanas sin saber nada de alguien con quien antes hablabas cada día.
No hay un villano en esta historia. No hay una traición. Solo hay dos personas cuyos mundos se fueron separando sin que ninguna de las dos lo quisiera del todo.
Pero eso no lo hace menos extraño. Ni menos doloroso.
¿Por qué emprender aleja a la gente?
Porque emprender cambia tu agenda, pero también cambia tu vocabulario, tu forma de pensar, tus preocupaciones y tu relación con el tiempo.
Cuando trabajas por cuenta ajena, tu vida tiene una estructura que comparte la mayoría de la gente que conoces. Horarios de trabajo, fines de semana libres, puentes, vacaciones en agosto. Esa estructura compartida crea oportunidades de coincidencia. Os cruzáis en los mismos momentos, estáis disponibles al mismo tiempo.
Cuando emprendes, esa estructura se rompe. Trabajas cuando ellos descansan. Te preocupas cuando ellos no tienen nada de qué preocuparse. Tu fin de semana puede ser tu mejor momento de trabajo o el más angustioso. Y las conversaciones que antes tenían sentido ahora requieren traducciones que nadie quiere hacer.
A eso se añade algo más difícil de admitir: que tú también cambias. No eres el mismo que eras. Emprender te cambia por dentro de formas que no siempre sabes nombrar hasta que ya ha pasado. Y a veces, cuando miras a las personas que conocías antes, sientes que el espacio entre vosotros se ha hecho más grande que la distancia que hay entre dos cafés de por medio.
¿Es culpa de alguien?
No, aunque a veces necesitas buscar a alguien a quien culpar para poder cerrar el proceso.
A veces eres tú el que desaparece. No con mala intención, sino porque tienes la cabeza en otro sitio. Porque cuando estás sobreviviendo un lanzamiento o pagando el primer mes de un empleado o intentando entender por qué las ventas han caído un cuarenta por ciento, tienes muy poco espacio mental para ser buen amigo. Y la gente lo nota.
Hay amigos que entienden eso y esperan. Y hay amigos que no lo entienden o no pueden esperarlo, no porque sean malos, sino porque ellos también necesitan reciprocidad para que la amistad tenga sentido.
Lo que más ayuda, cuando puedes verlo con perspectiva, es distinguir los que se fueron porque no entendieron de los que se fueron porque la vida simplemente los llevó a otro sitio. El primero duele más. El segundo es solo lo que pasa con el tiempo cuando los caminos se bifurcan.
¿Qué queda después?
Menos gente, pero mejor mapeada.
Eso no es consuelo cuando estás en medio del proceso. Pero es real. Los que se quedan cuando el negocio va mal, cuando estás en la etapa oscura, cuando no tienes resultados que mostrar ni historias que inspirar, esos son los que valen.
La soledad del emprendedor que nadie habla en Instagram es exactamente esta. No la soledad de no tener a nadie. Es la soledad de tener a gente alrededor que no puede estar en la parte más difícil de lo que estás viviendo.
Y hay dos respuestas a eso. Una es ponerse a trabajar para que las cosas mejoren lo antes posible y así volver a tener algo que compartir. La otra es encontrar gente que sí esté disponible para los momentos en que nada funciona.
Las dos son compatibles. Las dos son necesarias.
El amigo que desaparece cuando emprendes no es un fracaso tuyo. Es una señal de hasta dónde has llegado y de cuánto has cambiado. La señal duele. Pero la dirección que señala vale la pena.
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