TDAH y bipolar: comorbilidad y tratamiento complicado
Tener TDAH y trastorno bipolar a la vez complica el diagnóstico y el tratamiento. Qué pasa cuando las dos cosas conviven en tu cabeza.
Imagínate que vas al médico porque te duele la rodilla.
Te hacen pruebas y resulta que tienes dos cosas: un ligamento roto y una inflamación crónica. Y el problema es que el tratamiento del ligamento puede empeorar la inflamación, y el tratamiento de la inflamación puede frenar la recuperación del ligamento.
Pues eso es más o menos lo que pasa cuando tienes TDAH y trastorno bipolar a la vez. Que no es solo sumar dos diagnósticos. Es que interactúan entre ellos de formas que complican todo.
¿Es frecuente tener las dos cosas?
Más de lo que parece.
Los estudios hablan de que entre un 10% y un 20% de las personas con trastorno bipolar cumplen también criterios de TDAH. Y al revés, si tienes TDAH, tu riesgo de tener bipolar es significativamente mayor que el de la población general.
Pero aquí viene lo interesante. Durante décadas, había profesionales que se negaban a diagnosticar las dos cosas a la vez. Decían que el TDAH era "solo los síntomas del bipolar" o que el bipolar explicaba todo. Y muchas personas se quedaron con un solo diagnóstico, un tratamiento incompleto, y la sensación de que algo no encajaba.
Hoy el DSM-5 permite el diagnóstico comórbido. Pero eso no significa que todos los profesionales lo hagan. Hay mucho desconocimiento todavía. Y si tu psiquiatra no está actualizado en esto, puedes estar años dando vueltas sin que nadie junte las piezas.
¿Por qué el diagnóstico se complica tanto?
Porque los síntomas se solapan como capas de cebolla.
Impulsividad. La tienes en el TDAH y la tienes en la manía bipolar. Problemas de concentración. Los tienes en el TDAH y los tienes en la depresión bipolar. Hiperactividad mental. En las dos. Irritabilidad. En las dos. Problemas de sueño. En las dos.
Entonces llega el profesional, ve el cuadro completo, y tiene que decidir: ¿esto es TDAH? ¿Es bipolar? ¿Son las dos cosas?
Y la única forma de separarlo es mirar el patrón temporal. La clave está en la duración. Los síntomas del TDAH son constantes, crónicos, de toda la vida. Los del bipolar son episódicos, vienen y van, con fases claramente diferenciadas.
Si tu impulsividad está siempre ahí, es TDAH. Si tu impulsividad aparece de repente durante una semana y luego desaparece, es más probable que sea un episodio maníaco. Y si tu impulsividad está siempre ahí PERO se dispara brutalmente durante ciertos períodos, probablemente son las dos cosas.
Parece sencillo dicho así. En la práctica, cuando llevas años con ambas condiciones entrelazadas, es un lío monumental.
El dilema del tratamiento
Y aquí es donde la cosa se pone seria.
El tratamiento de primera línea para el TDAH son los estimulantes. Metilfenidato, anfetaminas. Funcionan muy bien para la concentración, la impulsividad, la regulación atencional.
Pero si tienes bipolar, los estimulantes pueden desestabilizar el ánimo. Pueden precipitar un episodio maníaco. Pueden hacerte pasar de "concentrado y funcional" a "eufórico e incontrolable" en cuestión de días.
Por eso la regla general es: primero estabilizar el ánimo, luego tratar el TDAH. Primero los estabilizadores del ánimo (litio, valproato, lamotrigina), y una vez que el bipolar esté controlado, entonces se valora si añadir algo para el TDAH. Y a veces ese algo no es un estimulante clásico, sino alternativas como atomoxetina o bupropión.
¿El problema? Que mientras esperas a estabilizar el ánimo, tu TDAH sigue ahí, descontrolado. Y los síntomas del TDAH no tratado pueden empeorar la adherencia al tratamiento del bipolar. Porque olvidarte de tomar la medicación, no ir a las citas, abandonar las rutinas, todo eso es TDAH puro. Y sin tratar, sabotea cualquier plan terapéutico.
Es un círculo que se muerde la cola.
¿Cómo saber si necesitas que te evalúen de las dos cosas?
Hay señales que apuntan a comorbilidad.
Si llevas años con un diagnóstico y el tratamiento no acaba de funcionar. Si te tratan de bipolar pero sigues teniendo problemas de concentración, organización y memoria incluso cuando tu ánimo está estable. Si te tratan de TDAH pero de vez en cuando tienes bajones intensos que no tienen explicación, o subidas de energía que no son tu hiperfoco habitual.
Si te suena algo de esto, orientarte sobre si es TDAH o es otra cosa es un buen primer paso. Pero con la comorbilidad, el verdadero paso es encontrar a alguien que sepa evaluar las dos condiciones a la vez.
No un psiquiatra que solo vea bipolar. No un psicólogo que solo vea TDAH. Alguien que entienda que tu cerebro puede tener dos cosas a la vez y que el tratamiento tiene que cubrir ambas.
Lo que nadie te dice sobre vivir con las dos cosas
Vivir con TDAH y bipolar a la vez es agotador. No solo por los síntomas, sino por la incertidumbre constante. Nunca sabes si lo que sientes hoy es tu TDAH, un episodio de ánimo, o simplemente que has dormido mal.
Pero tiene un lado bueno, aunque cueste verlo. Cuando por fin tienes los dos diagnósticos correctos y el tratamiento ajustado, el alivio es brutal. Porque de repente las piezas encajan. Entiendes por qué el tratamiento anterior no funcionaba del todo. Entiendes por qué tu experiencia no se parecía a la de otros con TDAH ni a la de otros con bipolar.
No eras un caso raro. Eras un caso incompleto.
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que tienes más de una condición, busca a alguien que sepa evaluarlas juntas.
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