Problemas con la ropa y las texturas: autismo, TDAH o PAS

Esa etiqueta que te vuelve loco, las costuras que te molestan, la ropa que no soportas. No eres exagerado. Tu cerebro procesa diferente.

Hay gente que se puede poner cualquier camiseta y olvidarse de que la lleva puesta. Y luego estás tú.

Tú, que antes de salir de casa te has cambiado de camiseta tres veces porque la primera tenía una costura que te rozaba el cuello, la segunda era de un tejido que te daba ganas de arrancártela, y la tercera. Bueno, la tercera tampoco era ideal, pero ya llegabas tarde (como siempre).

La etiqueta del pantalón. El elástico del calcetín. La tela del sofá. La textura de ciertos alimentos que te da repelús solo de pensarla. Esa sudadera que todo el mundo dice que es "suavecita" y a ti te parece papel de lija.

Y cuando lo cuentas, la gente te mira como si estuvieras exagerando. "Es solo una etiqueta, tío." Sí, claro. Y una piedra en el zapato es solo una piedra. Pero prueba a caminar un kilómetro con ella.

¿Por qué te molestan las texturas más que a otros?

La sensibilidad sensorial no es frescura. Es neurología.

Tu cerebro procesa los estímulos sensoriales de forma diferente. Lo que para otra persona es un estímulo que se filtra automáticamente (la costura de la camiseta, el ruido de fondo, la luz del fluorescente), para ti es un estímulo que tu cerebro decide que es IMPORTANTE y le dedica atención. Mucha atención. Toda la atención.

Y este procesamiento sensorial atípico aparece en tres condiciones diferentes, cada una con su propio mecanismo.

En el autismo (TEA), la sensibilidad sensorial es una característica central. Las personas autistas pueden tener hiper o hiposensibilidad en distintos canales sensoriales. La ropa que molesta, los sonidos que saturan, las luces que ciegan. No es preferencia. Es cómo está cableado el sistema nervioso.

En el TDAH, la sensibilidad sensorial funciona diferente. No es que el estímulo sea más intenso. Es que tu cerebro no puede filtrarlo. Normalmente, tu cerebro filtra automáticamente la sensación de la ropa sobre la piel. La registra una vez y la descarta. El cerebro TDAH no descarta bien. La sensación sigue ahí, compitiendo por tu atención con todo lo demás. Es como si no pudieras silenciar una notificación que te llega cada 3 segundos.

En las Personas Altamente Sensibles (PAS), la sensibilidad es más global. No es un trastorno (no está en el DSM-5). Es un rasgo temperamental. Las personas PAS procesan todo con más profundidad: estímulos sensoriales, emociones, sutilezas del entorno. La ropa incómoda es un problema, pero también lo son las películas violentas, las conversaciones tensas y los espacios con mucha gente.

Tres explicaciones. Tres abordajes. Y sí, pueden solaparse.

¿Cómo saber cuál es la mía?

Mira el contexto completo.

Si la sensibilidad a las texturas viene acompañada de dificultades sociales, patrones repetitivos, necesidad de rutinas y un procesamiento literal del lenguaje, probablemente hay rasgos autistas que merecen evaluación.

Si viene acompañada de despiste, impulsividad, dificultad para mantener la atención y el clásico historial de selectividad con la comida que tu madre llamaba "manías", mira hacia el TDAH.

Si viene acompañada de una sensibilidad emocional profunda, necesidad de tiempo a solas para procesar, y te abrumas en entornos con mucha estimulación, puede ser PAS.

Y si te estás viendo en las tres descripciones a la vez, no te preocupes. No estás loco. Es que estas condiciones se solapan bastante, y muchas personas tienen rasgos de más de una. Lo importante no es ponerte una etiqueta perfecta. Es entender cómo funciona tu cerebro para poder gestionarlo.

¿Qué puedes hacer?

Lo que ya haces, probablemente. Cortar etiquetas (o comprar ropa sin ellas). Elegir tejidos que funcionen. Tener "la camiseta buena" que usas hasta que se desintegra. Estas estrategias que la gente llama "manías" son en realidad adaptaciones inteligentes a un cerebro que procesa diferente.

Pero si la sensibilidad sensorial está afectando significativamente tu vida diaria (si te limita la ropa que puedes usar, los sitios a los que puedes ir, la comida que puedes comer), busca evaluación profesional. No para ponerte una etiqueta. Para entender qué está pasando y trabajar con ello, no contra ello.

Y si alguien te dice "no seas delicado" o "eso son tonterías", ignórale. Tu sistema nervioso procesa las cosas como las procesa. No lo elegiste. Pero puedes aprender a gestionarlo en vez de pasarte la vida sufriendo por una puñetera etiqueta del cuello.

Esto no sustituye una evaluación profesional. Si sospechas autismo, TDAH o ambos, busca un psicólogo clínico especializado.

Y si quieres empezar a entender tu cerebro por algún sitio, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No diagnostica, pero puede ser el primer hilo del que tirar.

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