La envidia profesional que el emprendedor no confiesa

Los emprendedores sienten envidia. Del que lanzó más tarde y ya factura más. Del que trabaja menos y gana más. Nadie lo dice en voz alta pero todos lo.

Hay algo que los emprendedores sienten y no dicen.

No en LinkedIn. No en las reuniones de mastermind donde todo el mundo habla de sus logros con la misma entonación estudiada. No en las conversaciones con clientes donde proyectas seguridad aunque por dentro las cuentas no cuadren.

Envidia.

Del que empezó después que tú y ya va por delante. Del que tiene menos horas de trabajo encima y factura el doble. Del que encontró el nicho correcto a la primera, sin los cinco años de prueba y error que tú llevas a tus espaldas. Del que parece que todo le sale bien sin el coste que a ti te está costando cada paso.

¿Por qué los emprendedores no hablan de envidia?

Porque no encaja con el relato.

El emprendedor exitoso es el que se alegra del éxito ajeno. El que dice "si les va bien a ellos, eso demuestra que el mercado existe". El que comparte publicaciones de otros con comentarios generosos porque "colaborar es la nueva competir". Y todo eso puede ser verdad y también puede ser una forma cuidadosa de no admitir lo que de verdad sientes cuando ves a alguien de tu sector anunciar su mejor mes.

La envidia tiene mala prensa porque se confunde con querer que al otro le vaya mal. Eso es malicia. La envidia real no quiere que le vaya mal al otro. Quiere que le vaya igual de bien a ti. Y eso es una emoción completamente distinta.

La envidia es una señal de que algo que valoras te falta. Nada más.

¿Qué tipo de envidia sientes tú?

Hay que ser preciso aquí porque no toda envidia funciona igual.

Hay envidia de resultados: el que factura más, el que tiene más seguidores, el que cerró más clientes. Esa es la más común y también la más inútil porque los resultados son el producto de variables que no siempre puedes controlar: timing, mercado, conexiones, suerte. Compararte con resultados ajenos sin conocer los costes ocultos que hay detrás es como envidiar a alguien por su salario sin saber su horario, su estrés y lo que ha tenido que ceder para llegar ahí.

Hay envidia de proceso: el que parece que disfruta lo que hace, el que ha encontrado un modelo de trabajo que le genera energía en vez de agotarle. Esa es más interesante. Si envidias el proceso de alguien, puede ser que el tuyo tenga algo que revisar.

Y hay envidia de facilidad: el que lo consiguió sin aparente esfuerzo. Esa es la más dolorosa y también la más engañosa, porque el esfuerzo ajeno casi siempre es invisible. Lo que ves es el resultado. El proceso real no aparece en ningún reel de 90 segundos.

¿Qué hace el emprendedor con la envidia cuando aparece?

La opción fácil es convertirla en historia: "ese tiene contactos que yo no tengo", "ese copió a alguien mayor", "ese mercado es diferente al mío". Esas historias tienen a veces algo de verdad y siempre mucho de mecanismo de defensa.

La opción útil es usarla como diagnóstico.

Cuando envidias algo específico de otro emprendedor, pregúntate qué es exactamente. Si envidias que cobra bien sin disculparse por sus precios, el diagnóstico es que tú tienes una relación complicada con el dinero que cobras. Si envidias que tiene un negocio que no depende solo de él, el diagnóstico es que tú sigues siendo el cuello de botella de todo.

La envidia bien leída es un mapa. Te señala hacia dónde quieres ir y te hace ver, con más nitidez que cualquier ejercicio de planificación estratégica, qué es lo que realmente valoras.

¿Se puede sentir envidia y seguir siendo alguien que funciona bien?

Sí. Sin ninguna duda.

El problema no es sentir envidia. El problema es dejar que la envidia te paralice o que te lleve a tomar decisiones desde ese estado. Copiar el modelo de alguien a quien envidias sin saber si ese modelo encaja contigo es uno de los errores más caros que existen en emprendimiento.

Lo que funciona para otro emprendedor no funciona necesariamente para ti. No porque seas peor. Porque tienes una historia diferente, un mercado diferente, y un punto de partida diferente. Lo que puedes extraer de la envidia es información. No un plan de acción calcado.

Siente la envidia. Nómbrala. Pregúntate qué te dice. Y luego construye desde lo que tú tienes, no desde lo que tienes ganas de tener.

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